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Sheinbaum, el Diablo a la moda y el Time

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OpiniónEl Economista

Jaime Guerrero Vázquez

La película El Diablo viste a la moda (David Frankel, 2006) se convirtió en un clásico de culto, junto a otras memorables cintas como El hilo invisible (Paul Thomas Anderson, 2017), Cara de ángel (Stanley Donen, 1957), con la inolvidable Audrey Hepburn, y muchas más. Este, sin duda, es un tema al que el cine siempre regresa. Sus principales protagonistas, Meryl Streep, Anne Hathaway y Emily Blunt se han vuelto rostros conocidos y cercanos para el público mexicano.

El Diablo vuelve a la carga con su segunda parte, con el mismo elenco, en lo que será seguramente una versión comercial exitosa. Como parte de la promoción de la película, Meryl Streep y Anne Hathaway vinieron a México para participar en una pasarela. Entrevistada Streep, una actriz conocida por sus críticas a Trump, elogió a la presidenta Sheinbaum: “Claro que México ha dejado atrás a los Estados Unidos teniendo una presidenta mujer y aunque no tiene que ver con el género, es genial para las niñas pequeñas saber que cualquiera en la familia puede ser un líder. Interpretar su rol con honor y buen sentido, que es lo que queremos de nuestros líderes”.

Por supuesto, Sheinbaum respondió al otro día a lo que dijo la actriz: “Primero le agradezco a esta que es, pues, la mejor actriz del mundo. Es una gran actriz y además de una enorme versatilidad” (…) “Y qué bueno que haya reconocimiento internacional de lo que está pasando en México”. 

Supongo que a más de un crítico del gobierno le cayó mal el comentario de Streep. Hasta donde sabemos, la artista no tiene una maestría en Ciencia Política ni es una estudiosa de la realidad mexicana, pero su opinión revela algo. A pesar de los problemas graves que padecemos y las corruptelas, omisiones e incapacidad del gobierno la imagen de la mandataria mexicana en el extranjero es otra. ¿Por qué? 

Antes de intentar contestar esta pregunta, vale la pena comentar una nota de esta semana que también causó escozor entre los críticos de la presidenta: por tercera ocasión, la revista Time incluyó a Claudia Sheinbaum, como una de las 100 personas más influyentes del año, siendo la única mandataria latinoamericana. En un texto redactado por Ioan Grillo, periodista que conoce bien la realidad mexicana, se destaca que la mandataria mexicana es “una de los líderes más populares de la región”, lo cual es cierto según todas las encuestas, pero ser popular no significa ser eficaz. A pesar de la popularidad de la habitante del Palacio Nacional su gobierno reprueba en temas como seguridad, educación y corrupción, un fenómeno parecido al de su predecesor. 

Grillo resalta otros dos hechos: por un lado, las amenazas y provocaciones de Trump, así como los aranceles impuestos a México, que han sido respondidos con diplomacia; por otro lado, su lucha contra los “violentos gánsteres” que trafican fentanilo y armas. Me atrevería a decir que la mandataria se ha vuelto una especie de símbolo por su resistencia fría a las embestidas del señor de la Casa Blanca. Este se ha vuelto un personaje abominable mundialmente, lo que ayuda a que quienes lo resisten tengan buena imagen. 

De nuevo la pregunta: ¿por qué la presidenta Sheinbaum tiene una buena imagen en el exterior a pesar de hechos como los desaparecidos, la palpable vinculación de políticos destacados de la 4T con el crimen organizado, la escandalosa corrupción y la ineficacia del gobierno? Su narrativa izquierdista no es la razón. Otros mandatarios como Luiz Inácio Lula da Silva y Gustavo Petro no gozan de la misma imagen. Es más, otros países con problemas similares a México son criticados y sus mandatarios vistos como poco confiables.

Hay una evidente concentración de poder en la figura de la presidenta, con Poderes subordinados y organismos autónomos sometidos. Es cierto que este proceso comenzó en el sexenio pasado, pero Sheinbaum lo terminó. Viktor Orbán hizo algo parecido en Hungría y su popularidad cayó a pique, la de ella no. El único caso parecido al de la mandataria es el de Bukele en El Salvador, quien ha establecido un estado policíaco militar, sometido a los otros Poderes, anulado a sus críticos y goza de popularidad, pero no supera la de ella según la encuesta regional de CB Global Data publicada en marzo de este año.

Creo que hay varios elementos para explicar la buena imagen de Claudia Sheinbaum en el extranjero, entre ellos el hecho de ser la primera mujer presidenta en nuestro país, su posición firme, pero diplomática ante Trump, y su lucha contra el crimen organizado. Para muchos mexicanos es una apariencia falsa, pero en el mundo la calidad de los gobernantes no es mucha.

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