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Opinión

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Impuestos correctivos

El problema de la obesidad avanza y sólo prenderá la alerta cuando el IMSS se declare sin presupuesto para atender las enfermedades derivadas de ella.

Los impuestos son un mecanismo adecuado para corregir las externalidades que genera el comportamiento de algún agente. Por ejemplo, el uso del automóvil para transporte privado genera contaminación con las emisiones de su motor, por lo que gravar la gasolina o el combustible que utiliza lo hacen más consciente del problema, a la vez que reducirá su consumo por el efecto de aumento en el precio.

En el país, son poco utilizados los impuestos con este criterio, ya que el sistema recauda tan poco vía los impuestos generales, como renta e IVA, que el gobierno se aferra a una serie de derechos y pagos que exige por el uso de ciertos bienes y servicios. Lo ideal es que el monto de lo recaudado por los impuestos correctivos se utilice para corregir los efectos de las externalidades; por ejemplo, con transporte masivo para pasajeros, más limpio y eficiente, o con la reforestación de ciertas áreas estratégicas, que hagan la función de mitigar la sobrecarga de contaminantes en el aire. Por el contrario, el problema se agrava cada día, el transporte es ineficiente, insuficiente y circulan autos en exceso.

Uno de los problemas que estuvo en la mesa de discusiones y que aparentemente ya pasó, pero no ha sido resuelto, es el de la obesidad y todas las enfermedades que ocasiona. Seguimos sin tener información amplia para caracterizar el problema; se votaron algunas leyes y reglamentos prohibiendo ciertos consumos en escuelas y durante un tiempo surgió la peregrina idea de un impuesto a las bebidas edulcoradas, que afortunadamente no progresó, ya que sus efectos regresivos eran muy obvios.

La propuesta de educar a la gente y enseñar hábitos alimenticios correctos, así como la de informar, están durmiendo el sueño de los justos y el problema avanza, aunque sólo será mencionado nuevamente cuando el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) se declare al borde de la quiebra por no tener presupuesto para atender las enfermedades derivadas de la obesidad.

Otro de los problemas muy obvios que exacerba el problema de la obesidad es el excesivo número de puestos de comida en la calle, que aumentan cada día. Las autoridades simplemente se hacen de la vista gorda, ya que siguen siendo un buen negocio, tanto para los comerciantes como para algunos funcionarios.

Pensar en un impuesto que grave estas actividades es muy difícil, aunque esto debería hacernos voltear hacia la idea de gravar alimentos con IVA. Por lo menos, pagarían los comerciantes en la compra de sus insumos.

mrodarte@eleconomista.com.mx

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