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Funciones sociales de los concursos de cocina
Durante las últimas décadas, hemos sido testigos de la sobreexplotación de concursos de cocina televisados: desde la demostración de habilidades culinarias bajo situaciones de alto riesgo o extremas, pasando por carreras de camiones de comida. Los concursos de cocina televisados se han vuelto un género televisivo por sí mismos.
Sin embargo, los concursos de cocina datan de tiempos anteriores a la invención de la televisión. A lo largo de la historia vemos cómo los concursos de cocina han cumplido con funciones sociales necesarias para la época y también, han sido el reflejo de los tiempos. La cocina es una de esas actividades que puede ser tan simple y cotidiana, o ser elevada a una habilidad extraordinaria.
Algunos historiadores, por ejemplo, señalan que existe evidencia de que se realizaban concursos de cocina durante la Era Dorada Islámica (800–1428), en la que en Bagdad se organizaban concursos de cocina donde se usaban diferentes especias, que hasta ese entonces eran un artículo de lujo, que permitía la creación de platillos condimentados no accesibles a todo mundo. Debido a este hecho, el concurso de cocina confería prestigio social a los ganadores.
Algunos de los primeros concursos de cocina realizados en Estados Unidos de los que se tienen registro, se organizaban en el marco de las ferias ambulantes de los pueblos. Estos concursos estaban dirigidos a mujeres jóvenes y solteras. Eran de hecho, un pretexto para poner a consideración social – algo así como el baile de debutantes de las clases populares- las habilidades culinarias de una joven casadera que sería considerada como buen partido.
En algunas comunidades los concursos de cocina han servido para reunir a los representantes de una minoría –por ejemplo, de migrantes- para demostrar su pericia en la preparación de un platillo de su país de origen. En estos casos, los concursos reúnen a una comunidad no siempre visible, y por el otro lado, sirven para reivindicar la identidad del origen a través de la preparación de los platillos originarios de otras latitudes.
El interés de ganar un concurso de cocina, no siempre ha sido económico, puesto que generalmente el ganador obtiene cierto prestigio social y reconocimiento de sus pares, en un medio donde le interesa ser exitoso. Este es el caso por ejemplo de los concursos de recetas de cocina, muy populares en la primera mitad del siglo XX, en los que una publicación periódica – generalmente destinada a mujeres- convocaba al envío de recetas de cocina por parte de sus lectoras, en las que el único estímulo era ver publicada su receta. Indudablemente esta motivación tiene implícito el prestigio social de la época, que en otras arenas era casi imposible de conseguir para esos grupos de mujeres.
Los concursos de cocina televisados en general, reflejan una situación de estrés frente a la creación de un platillo: ya sea por tiempo, por falta de ingredientes o por condiciones que dificulten la preparación. Los concursos no solo constituyen un acto en el que se ponen de manifiesto las habilidades y destrezas culinarias de los participantes, cumplen además con diferentes funciones sociales como la creación de vínculos, dar visibilidad a ciertas comunidades o incluso, dan cuenta de las tendencias y preferencias culinarias de sus tiempos. Los concursos reflejan nuestra relación no solamente con la alimentación, sino con nuestra concepción de la identidad, de los que se parecen a nosotros y de los que son diferentes.