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Esperanza divino tesoro
En un mundo en donde cada vez menos se demanda gasolina, comprar una refinería cuyo costo operativo se vuelve incremental es una apuesta sumamente arriesgada...
En un mundo ideal, el destino y la aplicación de recursos que se aparejan a la definición de una política pública, deben regirse bajo la máxima de la racionalidad sustentada en un criterio objetivo y con sólidas bases técnicas que soporten cualquier decisión tomada. Sin embargo, en el devenir de gobiernos y estilos personales, un gran porcentaje de las decisiones que implican afectación presupuestal de gran calado, se toman sobre los criterios de rentabilidad política.
El alivio inmediato de la necesidad en este rubro, al no descansar en bases de ciencia y previsión estratégica integral, comúnmente se vuelve pasajero y tiende a provocar un mayor número de problemas que aquellos que supuestamente vendría a solucionar. Tal puede ser el caso de la adquisición de la refinería de Deer Park en Houston. Una decisión que implica el desembolso de casi 600 millones de dólares dentro de un contexto en el que Pemex tiene una deuda acumulada de 110,000 millones de dólares, puede ser un nuevo raspón a la precaria economía que sostiene a esta empresa que, ante el deterioro de su situación financiera, no puede soportar más cargas a corto plazo.
En un mundo en donde cada vez menos se demanda gasolina, comprar una refinería cuyo costo operativo se vuelve incremental es una apuesta sumamente arriesgada. Lo anterior no solo por el costo directo que implicará volver provechoso y armónico el funcionamiento de la planta, sino por la enorme incertidumbre que genera en la inversión con recursos para la sostenibilidad ambiental, así como entre aquellos capitales que ya han levantado las cejas ante la creación de mercados preferenciales para la venta de combustibles mediante la reformada Ley de Hidrocarburos.
La apuesta por el logro de la ansiada suficiencia energética traducida a nivel de piso en gasolina a precios estables y accesibles, es un discurso con tonos de recalcitrante nacionalismo que vende una expectativa que renta en lo político más que en la práctica económica.
Si bien es cierto que el Sistema Nacional de Refinación ha incrementado poco más de un 16% el procesamiento de barriles de petróleo por mes, también es cierto que aún no se alcanza la meta fijada por la Secretaría de Energía, misma que para 2019 se fijó en un millón de barriles diarios. Con la reducción circunstancial del funcionamiento de la refinería de Minatitlán, aunado al rezago y encarecimiento de Dos Bocas, la estabilización y eventual reducción de precios de la gasolina es un suceso lejano.
En estas condiciones, no se puede impactar sustancialmente los costos de toda la cadena de producción del combustible en un corto plazo. Por ello, estamos ante un relumbrón que vende esperanza a muchos mexicanos altamente reactivos a la implicación de los “gasolinazos”. Esperanza que en ocasiones se torna en decepción ante una cruda realidad.
Twitter: @gdeloya