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Opinión

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El poder en las instituciones

Cuando el poder se mantiene mucho tiempo en una sola persona o institución tiende a crearse modos viciados de realizar las acciones y ejercer las responsabilidades, que a mediano y largo plazo perjudican al sistema en donde se permiten.

Kenneth Galbraith, economista canadiense-americano y profesor de Harvard, en su libro Anatomía del

poder, propuso tres clases de fuentes del poder: la personalidad, la propiedad y la organización.

La personalidad es la habilidad para persuadir o generar una creencia en quien escucha y sigue al líder. El líder poderoso puede juzgarse por lo bien que logre persuadir a sus seguidores para que acepten las soluciones que él propone a sus problemas, su camino a las metas de ellos.

La propiedad se refiere a la riqueza o bienes económicos con qué comprar la sumisión de las voluntades, las personas se someten a la voluntad del propietario a cambio de bienes económicos que intercambian por su sumisión. Es el actual y cotidiano modo de contrato laboral.

La tercera es una de las más interesantes. Según Galbraith, la organización es la fuente de poder más importante en la sociedad moderna.

Tiene ciertas características: 1) Gana la sumisión de sus propósitos externos sólo conforme la gana dentro, es decir, mientras sus integrantes estén enfocados en lograr los objetivos internos de la organización, ésta logrará más fácilmente sus objetivos externos, aquéllos para los cuales fue creada. 2) El poder de la organización depende de su asociación con las otras fuentes de poder, tanto de los bienes económicos, como de personas que, con su personalidad de liderazgo, conduzcan a la organización. 3) Hay una relación entre el poder de una organización y la diversidad de objetivos que busque, entre menos y más focalizados sean los objetivos, las personas al interior de la organización estarán más enfocados a lograrlos. Al contrario, si son muchos objetivos, a las personas les costará más trabajo alcanzarlos.

La organización, como la llama Galbraith, o instituciones, como las llamamos nosotros son la manera moderna de organizarnos y alcanzar objetivos como sociedad. Los partidos políticos, las empresas, las iglesias, el gobierno son todas instituciones. Las instituciones le dan el poder a las personas que trabajan en ellas, de actuar a nombre de las instituciones y de influenciar la sociedad en la que están.

Pero ocurren tres fenómenos muy curiosos en las personas que ostentan algún tipo de liderazgo en estas organizaciones, que sobre todo se manifiesta en el sector público. En primer lugar, el puesto (sobre todo directivo) se confunde con la persona, mejor dicho, la persona que ostenta un puesto directivo llega a perder de vista que derivado del puesto en la institución es que emana su poder de acción y no de su persona. En segundo lugar, del ejercicio del poder deriva una satisfacción personal que usualmente se vuelve adictiva y provoca que la persona que ejerce este poder haga lo posible por permanecer en su puesto. En tercer lugar, al conservar durante un largo tiempo el poder, se empiezan a desarrollar vicios en su ejercicio que terminan perjudicando a la institución a la que pertenece la persona. Esto que aplica para las personas, también aplica para las instituciones como los partidos políticos.

Llevamos nueve años del poder del PAN en el gobierno federal y 12 años del poder del PRD en el Distrito Federal, en los que los ciudadanos les hemos permitido ejercer el poder con su agenda y en su modo peculiar de ver y hacer las cosas (al PRI se lo permitimos por más de 70 años).

Una de las condiciones para que la democracia funcione es la alternancia, la diversidad de partidos políticos nos permite cambiar de uno a otro cuando las cosas se hacen mal o se han estancado.

La opción de cambio no es sólo para pasar de alguien que hace mal las cosas a alguien que lo hace bien, es para no permitir que vicios del poder como el estancamiento o la confabulación del gobierno con poderes fácticos (sean empresariales, sindicales o mafias) perjudiquen a la sociedad.

Si todas las personas tuviéramos la oportunidad de ejercer el poder, seguramente podríamos caer en este tipo de vicios, pero le toca a la sociedad civil saber qué momento es el adecuado para cambiar de partido en el poder con miras a lograr el objetivo de nuestro país, elevar la calidad de vida de sus habitantes y la de las generaciones futuras.

*Marco Iván Escotto Arroyo es director adjunto del Centro de Estudios para la Gobernabilidad

Institucional del Instituto Panamericano de Alta Dirección de Empresa, IPADE.

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