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¿Cuánto pagas en suscripciones que no usas?
Joan Lanzagorta | Patrimonio
Es indudable que la forma como consumimos ha cambiado con los años. Por ejemplo, la música: los chavos antes compraban el disco o, si no, grababan su música desde la radio; hoy casi todos pagan un servicio de streaming. Antes la televisión se sostenía con anuncios, hoy las mejores series y eventos están tras una suscripción.
¿Quieres usar una app? Seguramente la puedes bajar gratis, pero si quieres usar más que las funciones básicas, tienes un costo recurrente. ¿Jugar en línea? Lo mismo. ¿Usar inteligencia artificial para algo más que hacer un par de preguntas generales?
Todo eso va sumando y mucho. Y aunque algunas de esas suscripciones sí agregan valor a tu vida, la realidad es que muchas veces la gente las sigue pagando aunque no las utiliza. Algunos ni se acuerdan de que las tienen, porque todo va con cargo automático a la tarjeta de crédito y se pierden entre un mar de otras transacciones de relativamente bajo valor.
En otros países, en los que el open banking es prácticamente estándar, existen aplicaciones de finanzas personales y manejo de presupuestos que te hacen un inventario de ellas rápidamente e incluso te permiten cancelarlas con un par de clics. Simplemente conectas tus distintas cuentas bancarias, de manera segura, a esa plataforma. Esta recibe la información de tus transacciones, las analiza, categoriza y detecta los cargos recurrentes.
En México, lamentablemente, no existe ese nivel de automatización, lo cual tiene desventajas pero también algunas ventajas (recuerda: la información que obtienen las empresas de nosotros se comercializa, aunque sea de forma anonimizada). Claro: si tienes un buen plan de gastos y das seguimiento puntual y proactivo a lo que tu dinero hace por ti, ya lo tienes hecho. Pero si no, hay que hacer todo el inventario a mano.
El problema de esto es que a veces es fácil perder de vista algunas suscripciones, sobre todo aquellas que se pagan de forma anual. En mi caso, son la gran mayoría: el pago anual me genera ahorros y me permite organizarme mejor.
Eso implica rescatar tus estados de cuenta de todo un año y tratar de identificar todas las suscripciones que tienes. Te sugiero hacer dos listas: las que pagas de forma mensual, y las que son anuales. Totaliza ambas listas y divide el monto anual entre 12 para que sepas, en total, cuánto te cuesta al mes. ¿Qué porcentaje representa del dinero que recibes cada mes, después de impuestos?
Ahora que tienes claras todas tus suscripciones y cuánto te cuestan, el siguiente paso es evaluar, para cada una, lo siguiente:
Al final, la idea es que decidas qué vale la pena conservar y qué no, con base en tus prioridades y en el valor que aporta a tu vida (lo que recibes versus lo que pagas).
El siguiente paso es cancelar lo que ya no quieres. Eso, por lo general, lo puedes hacer, de forma muy fácil, dentro del propio servicio o, en su caso, en la tienda de aplicaciones. Si te ponen trabas, siempre puedes cancelar la domiciliación directamente con el banco, en cualquier momento, sin costo. Aunque recuerda: si pagaste una suscripción anual, por lo general la cancelación se hace efectiva a la siguiente renovación. Mientras tanto, puedes seguir disfrutando del tiempo que te queda, porque ya lo pagaste.
Si llevas un buen plan de gastos, una estrategia que a algunas personas les funciona es utilizar una categoría para cada suscripción. Yo no lo hago así: tengo una sola categoría de suscripciones. La app donde manejo mi plan de gastos me permite examinar todo lo que he pagado y lo que tengo programado en esa categoría. Así que puedo fácilmente identificar todo lo que tengo, en cualquier momento.
Un plan de gastos es la herramienta que te ayuda a tomar el control de tu dinero, incluyendo tus suscripciones. Si te interesa aprender, en mi página planeatusfinanzas.com/guias tengo una guía gratuita sobre esto.