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La cobertura universal en salud requiere modelos basados en resultados y no en recorte de gasto
En el marco del Mind 360 de Medtronic, expertos analizaron cómo América Latina puede superar las barreras de acceso a la tecnología médica. La clave: abandonar el enfoque de "lista de supermercado" y adoptar modelos de decisión multicriterio y compras basadas en valor.
Foto: Nelly Toche
Sao Paulo,- La Cobertura Universal de Salud (CUS) es, para muchos gobiernos, el "santo grial" de las políticas públicas. Sin embargo, la realidad en América Latina revela una brecha alarmante entre tener un seguro por las diferentes vías y el acceso real a la innovación que salva vidas.
Durante su intervención en el evento Mind 360 de Medtronic, el doctor Héctor E. Castro, especialista global en políticas de salud, economía de la salud y tecnología, actualmente vicepresidente de salud y ciencias de la vida en Access Partnership, con especial foco en América Latina, habló de por qué nuestros sistemas de salud suelen "asustarse" ante la innovación y cómo la métrica del valor debe desplazar a la obsesión por el precio más bajo, pues esta perspectiva al final nos está costando caro.
El "cubo" de la cobertura y sus tres dimensiones
Castro explica que la CUS no es una meta estática, sino un desafío tridimensional. Utilizando la analogía del "cubo de la cobertura", explicó que los sistemas deben equilibrar tres ejes críticos: La amplitud, es decir, ¿quiénes en la población están cubiertos? La profundidad y ¿qué servicios, medicamentos y dispositivos médicos están incluidos? Y la altitud, donde analizamos ¿qué proporción del costo es cubierta por el Estado para evitar el gasto catastrófico del ciudadano?
"La dimensión de la profundidad es la que más se rezaga", advirtió el experto. Mientras la población envejece y la carga de enfermedades crónicas aumenta, los catálogos de beneficios suelen quedar congelados en el tiempo, ignorando que la innovación no es un lujo, sino una herramienta de eficiencia en muchos casos.
Por ejemplo, uno de los momentos más reveladores de la conferencia fue el análisis de los tiempos de espera. Castro presentó datos que muestran cómo, incluso después de que una tecnología es aprobada por agencias de referencia como la FDA o la EMA, el paciente latinoamericano enfrenta un calvario administrativo.
En países como Colombia, México o Chile, el registro sanitario puede tardar hasta 2.5 años. Pero el obstáculo real aparece después: la inclusión en los cuadros básicos de los sistemas públicos puede tomar otros 3 años. Este retraso, denominado medical device lag, no solo afecta la salud, sino que incentiva la judicialización.
"Cuando el sistema se cierra por miedo al costo, el paciente recurre a la tutela o al amparo judicial. El sistema termina comprando la tecnología a precios de 'desespero' para cumplir órdenes judiciales, destruyendo cualquier posibilidad de negociación eficiente", señaló Castro.
El análisis reduccionista vs el concepto de valor
Castro fue enfático al criticar el enfoque tradicional de las agencias de Evaluación de Tecnologías Sanitarias (ETS), que durante años se han centrado casi exclusivamente en el ICER (Razón de Costo-Efectividad Incremental). Este análisis, que comparó con una "lista de supermercado", suele ser insuficiente para los dispositivos médicos.
Para ilustrarlo, utilizó una analogía cotidiana: el valor de un teléfono móvil. "Si preguntamos cuánto vale un celular, el cerebro salta al precio (800 o 1000 dólares). Pero su valor real está en la calidad de la cámara, la conectividad, el peso y cómo nos facilita la vida, es decir que nos permite las compras, el trabajo, o la cercanía con nuestros seres queridos. Pero en salud, el valor de un dispositivo como un stent coronario o un marcapasos no es solo su costo de adquisición, sino su capacidad de reducir reintervenciones, mejorar la calidad de vida y disminuir las estancias hospitalarias", sin embargo en el análisis esto queda de lado.
Una brújula más humana
Frente a la frialdad de los números, surge el Análisis de Decisión Multicriterio (MCDA). Esta metodología permite que las decisiones de cobertura no sean tomadas a puerta cerrada por un economista con una calculadora, sino por un cuerpo colegiado que pondera la gravedad de la enfermedad, el tamaño de la población beneficiada, la existencia o ausencia de alternativas terapéuticas y la equidad y el impacto social.
Este enfoque transforma la evaluación en un proceso deliberativo y participativo, donde el valor se estima de manera amplia y social.
El futuro de la gestión sanitaria, según Castro, reside en los Managed Entry Agreements (MEA) o acuerdos de acceso administrado. Estos se dividen principalmente en dos grandes esquemas que buscan mitigar la incertidumbre financiera y clínica:
- Esquemas financieros: Basados en negociaciones de precio-volumen o topes presupuestarios. Si se supera un número determinado de implantes, el precio baja o el excedente corre por cuenta del fabricante.
- Esquemas basados en desempeño: Aquí, el pago está condicionado a resultados de salud reales. "Si el paciente no responde al tratamiento o el dispositivo no cumple con la tasa de éxito prometida, el pagador no asume el costo total", explicó.
Estos modelos ya están siendo utilizados en países como Italia, Reino Unido y, más recientemente, en Corea del Sur y Australia para tecnologías como válvulas cardíacas y electrodos cardiovasculares.
Hacia una evaluación "viva"
Finalmente, el Dr. Castro introdujo los conceptos de Living HTA y Life Cycle HTA. La propuesta es que la evaluación de una tecnología no termine cuando ésta entra al mercado. Dado que la evidencia científica evoluciona y la inteligencia artificial permite recolectar datos del mundo real en tiempo real, la evaluación debe ser un proceso dinámico.
Su conferencia concluyó con un llamado a la acción para los tomadores de decisión en la región: entender que los dispositivos médicos son un mundo aparte de los medicamentos y que la única forma de alcanzar una verdadera cobertura universal es mediante la transparencia, la participación de los pacientes y la valentía política para adoptar modelos de compra que premien el valor y no solo el ahorro a corto plazo.