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La música que trajo Alondra
"Genómica mestiza", "Imágenes" y "Leyenda de Miliano" son algunas de las piezas que la joven directora propone como "nuevos emblemas nacionales".
Al término del segundo concierto que la Orquesta Sinfónica de las Américas ofreció en la Sala Nezahualcóyotl (que como el primero fue muy ovacionado), la lista de propuestas que su directora y fundadora Alondra de la Parra ofrece como nuevos emblemas nacionales estaba completa. He aquí un repaso de la misma.
La más sorprendente de las obras fue Genómica mestiza, de Enrico Chapela. Y sorprende más al saber cómo fue creada, ya que Chapela generó 89 frases porque ese es el número de variantes genómicas que se ha visto que hay en México (parece que en eso también tenemos un récord), y estas frases atonales fueron generadas a partir de la información sobre cromosomas y genes proporcionada por quienes hicieron el estudio.
Desde luego que sorprende que algo así pueda estar en el origen de una pieza que se siente coherente y emotiva. La estructura será novedosa, pero el oído le encuentra sentido.
Por otras razones, la otra gran sorpresa es Imágenes, de Candelario Huizar. Aquí lo parece increíble es que se haya dejado de escuchar después de su éxito a principios del siglo XX, ya que tiene de todo: una parte muy mexicana ( Tema regional ), una parte mística ( En el templo ), una para celebrar ( Marcha nupcial ) y un final brillante ( Cabalgata ).
Menos sorprendentes, pero no por ello menos valiosas, son Leyenda de Miliano, de Arturo Márquez; Clepsydra, de Mario Lavista y la Sinfonía no. 2 de Federico Ibarra.
Arturo Márquez, que se ha dado a querer con su Danzón 2, se mantiene en su estilo en el homenaje que hace a Emiliano Zapata y, más importante, confirma que aún puede haber novedades dentro de las viejas formas de hacer música. Tonal, con melodías claras, armonías amables y ritmos generosos pero que no suena conocido y mucho menos trillado, Leyenda de Miliano le ganó de inmediato una ovación de pie a su compositor.
Clepsydra se sitúa en el otro extremo del espectro. Tenue y calmada, con tensiones sostenidas pero suaves en los armónicos de los violines. Mario Lavista tiene su mundo aparte , dijo Alondra al presentarlo. No es que ese mundo sea inaccesible o carente de belleza, al contrario, pero tampoco se va a meter en él quien no esté dispuesto a hacer el esfuerzo.
La Sinfonía no. 2 de Ibarra, por su parte, es un portento. Oscura, tenebrosa por momentos, con una fuerza capaz de arrastrarnos por dónde se le da la gana. Nadie la querrá como emblema, no representa el sentir nacional y si lo hace es de esas cosas que nadie quiere decir en voz alta.
Las otras obras, al humilde juicio de quien esto escribe, no tienen la estatura de las aquí mencionadas (o la tienen y así se les reconoce como en el caso de Sensemayá de Silvestre Revueltas).
KLM