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Cuando el arte conceptual es aburrido
La serie fotográfica/instalación Antropología del cuerpo moderno se conforma de fotografías de mujeres de distintas edades.
No eres Barbie, ninguna mujer real es Barbie, ni Kate Moss, ni Paris Hilton. Pero creciste jugando con ella. Jugar es practicar para la vida adulta y para millones de mujeres Barbie fue su ensayo para la feminidad.
Cuando en 1999 la muñeca Barbie se volvió cuarentona (pero, virtudes del plástico, atrapada en esos perpetuos y rubicundos veintitantos), la artista Marianna Dellekamp (México, 1968) decidió hacer una exploración estética, antropológica y también biográfica del cuerpo femenino.
La serie fotográfica/instalación Antropología del cuerpo moderno se conforma de fotografías de mujeres de distintas edades. Una editora, una actriz, un ama de casa, una artista, una niña de ocho años, retratadas en toda su gloriosa desnudez.
Algunas fotos tienen dos versiones: una, la real; la otra, modificada digitalmente para ser más bonita, más deseable, más cachonda, a solicitud de la dueña del cuerpo.
Cada una de las mujeres fue entrevistada para saber qué relación tenía con su cuerpo. Las preguntas y las respuestas están impresas en una pared: mujeres que dicen aceptarse, pero que piensan que no estaría mal tener menos cadera, o quitarse esos gorditos de la espalda, o tener los pechos menos caídos. O que de plano deciden que uno se puede olvidar del cuerpo, que la vida es otra cosa. Relaciones dramáticas con eso que uno considera tan suyo y que más bien parece haber sido creado por alguien más.
No todo es culpa de Barbie, por supuesto (esta reseñista nunca tuvo Barbies y tiene la misma relación conflictiva con su cuerpo que la mayoría de las mujeres), pero lo interesante de la pieza de Dellekamp es que nos recuerda cuánto de lo que pensamos de nosotros mismos está determinado por la cultura. Ser bella puede significar cualquier cosa. Necesitamos (¿sí o no?) un modelo con el cual medir, conceptualizar, pesar la belleza.
Así comienza Marianna Dellekamp. Proceso abierto, revisión de la trayectoria de Dellekamp que se inaugura este sábado en el Museo de Arte Moderno (MAM).
Dellekamp es fotógrafa de origen, pero su carrera se ha enriquecido a partir de la inclusión de otras técnicas creativas: la encuadernación, el diseño digital, la instalación y la obra de proceso abierto o de colaboración.
LA OBVIEDAD
Las fotos de las mujeres desnudas son las que abren el recorrido y la verdad es que son las más interesantes, aún cuando se inserten en la tradición muy manida de la fotografía de denuncia y partan de un discurso de género poco original. Su mensaje es contundente y cercano.
No se puede decir lo mismo del resto de las piezas, que son de orden más conceptual, necesitan de una explicación mayor. Lo que pasa es que esa explicación no siempre es interesante ni punzante ni tiene atractivo alguno.
Artista , por ejemplo, trata de desentrañar (o desmitificar, palabra que tanto gusta a los artistas conceptuales) la personalidad creadora a través de sus componentes: en este caso, la biblioteca personal de una artista. La pieza es una fotografía en gran formato de pilas de libros. Se entera uno de que el retratado, cuya identidad se desconoce (quizá no es una persona real, quizá la artista decidió sólo amontonar libros para inventar un personaje), es fanático de Paul Auster y de Alessandro Baricco y -¡sorprendente!- posee varios libros de arte.
Biblioteca de la tierra es una colección de muestras de tierra y de materia orgánica que decenas de personas le hicieron llegar desde distintas partes del mundo, acomodadas por patrones cromáticos; las muestras están en estantes dentro de recipientes transparentes en forma de libros. Lo más atractivo de esta pieza es su carácter colaborativo y el descubrimiento de que la tierra de Cuernavaca tenga el mismo color que la de Mumbai, que Ushuaia comparta espectro cromático con Puebla y Xalapa.
Press se hizo a partir del reciclaje de volantes y folletos promocionales de diversas galerías de arte del DF; procesando todo ese material se logró un rollo enorme de papel para imprimir, cuyo objetivo será ser soporte para algún libro de arte. ¿Ironía? La redundancia es redundante.
¿Se podría disfrutar sensorialmente de las piezas sin saber la historia que tratan de narrar? Lo dudo mucho. ¿Las historias valen la pena? Son curiosas pero no es como si fueran algo muy ingenioso Dicho de otro modo: son obras aburridas por obvias.
Sí, el arte no tiene por que ser divertido o espectacular. Pero al menos debería provocar algo, un vértigo, una comezón, una punzada. Estar vivo, pues.
Proceso abierto
- Museo de Arte Moderno. Reforma y Gandhi, Chapultepec.
- Martes a domingo, de 10 de la mañana a ?5 de la tarde.
- Entrada: $25.
- Inauguración: sábado, 12 del día.
concepcion.moreno@eleconomista.mx