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Quebec, para los negocios y el turismo en cualquier estación del año
Uno de los mayores atractivos de Montreal en verano es el Festival de Jazz, que reúne a miles de personas todas las noches durante dos semanas en la plaza de las artes del barrio de los espectáculos, para escuchar las tendencias de ese movimiento internacional y convivir con personas de todo el mundo.
En el principio, el comercio de pieles era la actividad económica principal. Los emigrantes escoceses fueron los que dominaron durante muchos años esa actividad y lograron grandes fortunas. Hoy, la provincia de Quebec es una opción para los viajeros de placer y de negocios.
En alguna época amurallada, Montreal ha sido escenario de mucha historia, cuya huella se puede rastrear hoy en sitios tan espléndidos como interesantes. A partir de los años 60 del siglo XX los muelles fueron trasladados a unos 10 kilómetros de la ciudad y el viejo puerto fue rehabilitado para convertirlo en un atractivo y actualmente miles de personas, en todas las estaciones del año, pero sobre todo en el verano, llegan de visita para recorrer sus calles, conocer su gastronomía y disfrutar las atracciones.
Actualmente la economía de la ciudad se basa en servicios; su población es diversificada y prevalecen barrios con algún denominador común, ya sea artístico, de nacionalidad, religión o actividad económica.
La vieja zona comercial de la ciudad, cercana al puerto antiguo ha sido renovada, y la Rue Saint Laurent es el eje de la actividad turística, gastronómica y comercial en esa zona de la ciudad. Allí se pueden apreciar buena parte del año las obras de artistas urbanos plasmadas en muros ofrecidos por las viviendas ex profeso para el festival de graffitti que se realiza allí año con año.
Si algo define a Montreal es la gastronomía y las terrazas, donde todo el verano los jóvenes se reúnen y los jóvenes chefs desarrollan muchas de las nuevas tendencias en platillos y bebidas. Una de las terrazas más concurridas es la William Gray, que además de cócteles y un gran ambiente ofrece una de las mejores vistas del viejo puerto y sus muelles, del río San Lorenzo y la isla de Notre Dame.
En el centro histórico de la ciudad, una de las construcciones más emblemáticas es la basílica de Notre Dame, construida con la influencia de la que le dio el nombre, en París. Allí ofrecen espectáculos de luz y sonido.
Uno de los mayores atractivos de Montreal en verano es el Festival de Jazz, que reúne a miles de personas todas las noches durante dos semanas en la plaza de las artes del barrio de los espectáculos, para escuchar las tendencias de ese movimiento internacional y convivir con personas de todo el mundo. El Festival de Jazz de Montreal es considerado el más importante de su tipo a nivel mundial, y quienes allí se presentan son ya artistas consagrados o alcanzaron el estrellato al llegar a ese templete.
Otra zona de la ciudad, Mile End, un antiguo barrio periférico y que en los últimos años se ha gentrificado desde que muchos artistas se instalaron esa zona del norte de la ciudad, se ha vuelto característica por la multiculturalidad de sus residentes; ofrece un ambiente atractivo y dinámico para los visitantes que quieren tener experiencias como si fueran locales. Un punto de inflexión para esa zona fue la llegada allí, hace 12 años, de la firma Ubisoft, que habilitó una nave industrial para instalar la empresa, con 50 trabajadores, y actualmente da empleo a 3,000 personas.
En la ciudad se realiza cada año una fecha del campeonato mundial de Fórmula 1, en el Circuito Gilles Villeneuve, en honor al piloto canadiense. El autódromo se encuentra en la isla de Notre Dame -que forma parte de la ciudad-, sobre el cauce del río San Lorenzo.
Montreal es una ciudad amable para el visitante y no pasa inadvertido para los mexicanos. Lucie Girard, directora de ventas del hotel Le Centre Sheraton refiere que reciben a muchos de ellos, particularmente en convenciones y en viajes de incentivos, que se realizan allí o en el Palacio de Congresos, cercano a esa locación.
En las montañas de Tremblant
A dos horas de Montreal, en Laurentides, se ubica Mont Tremblant, un resort que recibe cada año miles de visitantes, en todas las estaciones del año. Muchos de los visitantes son de países de América Latina, sobre todo mexicanos. “Cuando se estableció el requisito de la visa para los mexicanos, el flujo sí bajó, pero de nuevo han comenzado a llegar”, explica Caron Alexandre, director de ventas del centro recreacional, que dispone de 102 pistas para esquiar en invierno y senderismo, el resto del año.
Ubicado en el entorno de un parque nacional y con un diseño de aires alpinos, Mont Tremblant ofrece a los visitantes actividades todo el año: travesías con espectáculos en locaciones de las faldas de la montaña, festivales gastronómicos, reuniones generacionales, conciertos de música, poesía y otras expresiones artísticas y otras actividades -de acuerdo con la época- en las montañas y el lago , que se extiende a lo largo de 11 kilómetros frente al resort, además contar con dos campos de golf y también se ofrecen paseos en helicópteros para sobrevolar la zona.
En el estilo de vida de muchos canadienses y para el turismo siempre se agradece la existencia de un SPA, y en la región de Laurentides hay buenas opciones para disfrutar el estilo nordiko de ese servicio, que combina aguas, temperaturas y otras experiencias para la relajación del cuerpo y las emociones.
Pese a ser un sitio con orientación turística, posee infraestructura para realizar convenciones, que ocasionalmente allí se realizan.
En la región de Outaouais
Un poco más hacia el surponiente, desde Montreal, se llega a la región de Outaouais, donde se concentra la esencia de Canadá, con naturaleza exuberante, fauna endémica, historia y la fusión cultural de los pueblos originarios y los emigrantes.
Uno de los atractivos es el Parc Omega, un zoológico ubicado en una reserva natural, cerca del poblado Montebello, donde se conservan especímenes de la fauna regional en estado de semilibertad y los viajeros pueden conocer el estilo de vida de los pobladores originales de la región así como pernoctar, como parte de los servicios de ese lugar, ubicado en la ribera este del río Ottawa.
Una de las actividades más impresionantes en el parque es el avistamiento de las manadas de lobos que viven en su hábitat natural, y de otras especies que han convivido siempre con los pobladores originarios y los pioneros, desde su llegada a esa región de Canadá, en los siglos XVI y XVII.
Montebello
El chateau Montebello, un hotel construido 100% con cedro rojo, en el primer tercio del siglo pasado, es el edificio de su tipo más grande del mundo, y se ubica en la ribera del rio Ottawa. Con más de 200 habitaciones y salones para convenciones y eventos, el ambiente campestre, de larga historia -allí se realizó alguna vez una reunión trinacional con los presidentes de Canadá, Estados Unidos y México- es netamente familiar y cuenta con un terreno circundante que invita a la actividad, senderismo, running o ciclismo en sus circuitos de terracería, ad hoc con el espíritu ecológico. Ofrece a los visitantes una marina que recibe embarcaciones de bajo calado y en invierno las actividades no cesan, pero sí cambian, al congelarse la capa superior del río y quedar habilitado como pista de hielo.
Gatineau, la puerta oeste
En ese parque, con casi 400 kilómetros cuadrados de extensión, cualquier amante de la expedición puede realizarse como excursionistas y tener una experiencia de campamento en un área totalmente natural.
A la entrada de ese parque se encuentra SPA nordicos considerado en más grande de América del Norte. Y en verdad es espectaculares, pues ofrece los servicios tradicionales con gran confort y lujo, así como amenidades extraordinarias, como una alberca subterránea donde los visitantes pueden relajarse y flotar sin esfuerzo alguno como en el Mar Muerto de Medio Oriente.
Un cierre espectacular para una visita a esa región canadiense es el Museo Canadiense de la Historia, en Gatineau, frente al Parlamento en Ottawa y junto al río del mismo nombre. Es el más popular y más visitado del país, y para todo viajero interesado en los orígenes de la población, la cultura y el arte de Canadá la visita a este museo es imprescindible.
Además de tener una arquitectura notable -el autor construyó un edificio monumental sin utilizar un sólo ángulo recto en toda la estructura, allí se alojan los tótems -esculturas realizadas en madera- más grandes del mundo. Esas obras cuentan las ideas primigenias que dieron lugar a las poblaciones de las naciones originarias, sus formas de organización y el encuentro con otras culturas. Al salir de las salas del museo el visitante puede decir que se acercó a una parte sustancial de las raíces que explican la americanidad de todos los pueblos del continente.
Esta región canadiense, comenta Melissa Vázquez, mexicana avecindada en Canadá desde hace una década y representante de la oficina de turismo, es muy visitada por los mexicanos y cada vez hay más demanda para viajar allí, ya sea que llegan por Montreal, en la parte francesa, o por Ottawa, desde la parte inglesa.
En todo el año hay actividades disponibles para viajeros de todos los orígenes, gustos, presupuestos y preferencias, y lo mejor es la hospitalidad canadiense.