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Tecnología

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Energía y memoria frenan proyectos de centros de datos en México

México avanza en centros de datos hasta 279 megawatts, con una meta de 1.5 gigawatts al 2030, aunque el crecimiento reciente se desacelera y deja capacidad en construcción sin poder entrar en operación por falta de energía.

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Foto: Cortesía Panduit y CiscoFoto: Cortesía Panduit y Cisco

Rodrigo Riquelme

México avanza en la expansión de centros de datos bajo dos restricciones cada vez más visibles. La primera está en la red eléctrica y la segunda está dentro del servidor, en una cadena global de suministro que hoy privilegia componentes para inteligencia artificial, entre ellos la memoria, bajo condiciones de escasez y precios al alza.

La combinación afecta los tiempos de despliegue de este tipo de instalaciones de cómputo; complica los calendarios de inversión y obliga a los desarrolladores a resolver con recursos propios parte de la infraestructura que antes se daba por disponible.

Crecimiento con freno

La Asociación Mexicana de Data Centers (MEXDC) reportó que el país opera hoy 279 megawatts, frente a 235 megawatts en 2025 y 115 megawatts a inicios de 2024. La asociación, que agrega a los principales desarrolladores de centros de datos, mantiene una expectativa de 1,500 megawatts o 1.5 gigawatts hacia 2030.

La distancia entre ambos números explica la magnitud del reto. El mercado requiere inversiones, obra terminada y demanda digital convertidas en capacidad energizada y lista para correr cargas de nube e inteligencia artificial.

Entre 2025 y 2026 la capacidad operativa creció solo 44 megawatts. Para cualquier otro segmento de infraestructura tecnológica sería una cifra apreciable. Para uno que aspira a multiplicarse varias veces antes del fin de la década resulta apretada.

La MEXDC reconoció que ese avance anual luce corto para la velocidad que exige el mercado y añadió que existen 205 megawatts en construcción en el país. Hay proyectos que avanzan en obra e inversión, aunque una parte de esa capacidad sigue detenida por el tiempo que toma robustecer la red, cerrar interconexiones y liberar energía.

“Sí nos está deteniendo el crecimiento el tema eléctrico como tal”, dijo Amet Novillo, presidente de la MEXDC, y agregó que hay centros de datos “esperando a ser energizados”, lo que ubica el problema en el punto más sensible del negocio. Un centro de datos puede tener terreno, diseño, clientes y equipo comprometido, pero sin energía firme, continua y suficiente, el activo sigue siendo una promesa costosa.

Electricidad en disputa

La Agencia Internacional de Energía (AIE) reportó la semana pasada que la demanda eléctrica de los centros de datos creció 17% en 2025 y que la de los sitios orientados a inteligencia artificial avanzó todavía más rápido. La misma agencia anticipa que el consumo global de electricidad de los centros de datos podría acercarse a 945 terawatts hora en 2030, casi el doble del nivel actual.

El país compite por atraer proyectos y, al mismo tiempo, por asegurar energía en una etapa en la que la infraestructura eléctrica empieza a tensarse en varios mercados a la vez.

Ese patrón ya se observa en Norteamérica. Bloomberg reportó este mes que más de la mitad de los centros de datos planeados en Estados Unidos para 2026 enfrentan retrasos o cancelaciones, en buena medida por las restricciones de equipo eléctrico y por las dificultades para ampliar la red al ritmo que exige la demanda.

México enfrenta una presión parecida, aunque desde una base más pequeña y con menos holgura institucional para absorber demoras prolongadas. El atasco local del despliegue de centros de datos forma parte de una tensión regional, aunque aquí pesa más porque cada retraso reduce la velocidad con la que el país puede cerrar la brecha frente a otros mercados latinoamericanos.

La asociación reveló que Brasil ronda los 900 megawatts operativos y Chile se ubica cerca de 258 megawatts. Los 279 megawatts, una cifra relevante para el tamaño del mercado nacional, es insuficiente si la meta es convertirse en un polo de infraestructura digital con escala continental.

JLL ha descrito a Brasil, México, Chile y Colombia como los principales mercados latinoamericanos de centros de datos. La diferencia es que algunos de esos competidores han avanzado con mayor velocidad en capacidad efectiva o en condiciones regulatorias para habilitar nuevos proyectos.

Pese a ese freno, la inversión sigue llegando. CloudHQ planea invertir 4,800 millones de dólares en seis centros de datos en Querétaro. El proyecto incluye una subestación privada de 900 megawatts y está pensado para cargas de nube e inteligencia artificial. Esta es una muestra de que los desarrollos de gran tamaño incorporan desde el origen una solución eléctrica propia o dedicada.

Esta tendencia ocurre también entre los operadores que hoy crecen en México. La MEXDC habló de 340 millones de dólares invertidos por la iniciativa privada en infraestructura eléctrica, sobre todo en el Bajío, para reforzar subestaciones, transmisión y maniobras técnicas asociadas a la conexión de nuevos centros de datos. Esto significa que parte del crecimiento depende de que las propias empresas financien infraestructura que fortalezca la red y al mismo tiempo habilite sus proyectos.

Memoria bajo presión

El segundo gran freno del desarrollo del sector de centros de datos en México es menos visible para el debate público, aunque igual de importante para las cuentas del sector. Arturo Bravo, managing director de Ascenty México y tesorero de la asociación, advirtió que desde el punto de vista del equipamiento “también hay un retraso en las cadenas de suministro” y añadió que la demanda de Norteamérica y Europa afecta de manera directa a México.

Su observación coincide con una presión global sobre la memoria y otros componentes críticos para servidores orientados a inteligencia artificial.

La agencia Reuters reportó en diciembre que la fiebre global por la inteligencia artificial abrió una nueva crisis de suministro de memoria. La agencia advirtió que la escasez podría extenderse hasta finales de 2027 y que la presión ya eleva los costos y retrasa los proyectos.

El movimiento de los fabricantes hacia memorias de alto ancho de banda para aceleradores de IA está absorbiendo capacidad productiva y encareciendo tanto componentes avanzados como otros menos sofisticados, aunque igual de necesarios para servidores, computadoras y dispositivos conectados. Para un mercado como México, eso significa que la disponibilidad de infraestructura depende de permisos, obra y energía, y además de asegurar slots de producción en una cadena global saturada.

La presión es todavía mayor en el extremo de mayor valor del mercado. Reuters reportó que SK Hynix invertirá cerca de 12,850 millones de dólares en una nueva instalación en Corea del Sur para atender la demanda global de memoria para IA. El anuncio confirma que los grandes fabricantes siguen ampliando su capacidad y, que la industria considera que la demanda de memoria para centros de datos con inteligencia artificial seguirá presionando durante varios años.

Ese doble cuello de botella obliga a separar dos planos de la discusión. Uno es inmobiliario y de infraestructura física. El otro es computacional. México puede seguir anunciando campus, edificios, expansiones y fases constructivas. La pregunta de fondo está en cuánta de esa capacidad podrá correr cargas de alta densidad en tiempo y forma.

La propia industria admitió que algunos centros de datos recientes ya están preparados para inteligencia artificial y que ciertos sitios edge, core e hyperscale ya procesan ese tipo de cargas. También reconoció que todavía no son la mayoría. Eso deja ver una transición en curso, con una parte del inventario adaptándose a una demanda nueva, más intensiva en energía, enfriamiento y memoria.

La discusión regulatoria, por eso, dejó de ser periférica. La Ley del Sector Eléctrico publicada en 2025 y la planeación oficial del sistema ofrecen instrumentos para ordenar generación, transmisión y modalidades como el autoconsumo. De acuerdo con la asociación, el problema del sector está en la velocidad con la que esa planeación se traduce en capacidad utilizable para nuevos proyectos. La insistencia de la industria en abrir una mesa de trabajo con Sener apunta justamente a ese desfase entre norma, planeación y ejecución.

México conserva una posición atractiva por mercado, cercanía con Estados Unidos, conectividad y base industrial. Eso explica que sigan llegando anuncios de inversión y que la propia industria hable de una ola que conviene aprovechar. La oportunidad existe. El riesgo también. Si la energía sigue liberándose con lentitud y la memoria para nuevos servidores continúa bajo presión global, una parte de los proyectos se moverá más despacio de lo previsto y otra parte podría migrar a mercados con mejores condiciones de ejecución.

rodrigo.riquelme@eleconomista.mx

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Rodrigo Riquelme

Reportero de Tecnología

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