¿Le interesaría enterrar a sus seres queridos en un ataúd de cartón y resinas, con asas de cuerda de algodón? Esta idea que asemeja un capullo o un pequeño submarino fue creada por Karina Sandoval, estudiante de décimo semestre de Diseño Industrial en la Universidad Iberoamericana.

Este proyecto propone una solución ecológica al problema de la falta de espacios para enterrar a los muertos, principalmente en el Distrito Federal, en donde según cálculos arrojados por la investigación de Karina, al día pierden la vida 140 personas.

La idea comprueba su utilidad, tomando en cuenta que desde 1974, en los cementerios públicos se terminó el régimen de perpetuidades, por lo que los restos deben exhumarse.

Con un ataúd biodegradable se puede permitir que el cuerpo se integre a la tierra en menos de seis años, que es cuando marca la ley que deben exhumarse los restos áridos , explica.

Este féretro ofrece también un alivio a las familias pues puede incinerase junto con el cuerpo. Y si se deposita el cuerpo en una fosa sencilla, sin cemento, el ataúd se desintegra en unos cuantos meses.

Karina reconoce que no se trata de un invento nuevo, pues ya hay muchas ideas similares que se usan incluso en México desde tiempos ancestrales. Lo que quiero es promover sus uso de forma comercial , dijo.

Otros detalles

El prototipo que creó es de madera y mide 2.10 centímetros de largo, 70 centímetros de ancho y 50 centímetros de ancho.

Según calcula, su precio al mercado puede oscilar en los 4,000 pesos, pero está en la búsqueda de socios comerciales que le ayuden a bajarlo un poco más.

Y explica que en comparación, un ataúd tradicional de bajo costo está entre los 800 pesos, pero es de metal o materiales de muy baja calidad, que no permiten mantener el cuerpo en un cementerio más de seis años, según la ley.

Otros, en contraste, llegan hasta a los 10 mil pesos, pero aunque son muy ostentosos, tampoco son amigables con el ambiente.

¿Cuánto tiempo invirtió en crearlo? Asegura que llevó alrededor de seis meses, incluyendo la investigación previa de materiales, el mercado y la forma en que se venden y usan los ataúdes en la Ciudad de México.

Terminando la escuela quiero dedicarme a hacer más propuestas como ésta, que sean sustentables y respetuosas con el medio ambiente , comentó Karina emocionada.

nacosta@eleconomista.com.mx