Las Vegas.-  La masificación de las plataformas de consumo de música le dieron una bocanada de aire a la industria discográfica. A finales del siglo XX la llegada de plataformas de intercambio como Napster provocaron que se abrieran nuevos paradigmas sobre la forma en la que consumimos música e hicieron que las grandes tiendas de discos se acercaran a la extinción.

Aunque los formatos físicos no han muerto y las ventas de discos de vinilo han ido aumento en los últimos años, la gran mayoría de los consumidores escuchan música hoy en día a través de servicios como Spotify, SoundCloud o Apple Music.

El machine learning ha hecho posible que los algoritmos de recomendación de música se vuelvan más sofisticados, lo que ha hecho que los consumidores busquen con mayor frecuencia recomendaciones musicales a través de estos procesos, en lugar de acudir a las sugerencias de críticos musicales o locutores de radio.

Los principales servicios de streaming explotan estos algoritmos para que los consumidores accedan a música de todos sabores y colores: para hacer ejercicio, ponernos de buenas o simplemente para escuchar canciones de un género o artista en particular.

Para Dave Bakula, vicepresidente senior del grupo Nielsen, el componente humano no puede dejarse de lado en este tipo de servicios, ya que los consumidores siguen buscando recomendaciones como cuando íbamos a las tiendas de discos a indagar por nuevos sonidos.

Una de las grandes limitantes de los servicios de streaming es que sólo se basan en la música. Aquellos que quieran conocer quién es el productor de un disco, el ingeniero o el saxofonista que toca en una canción en particular, deben recurrir a los créditos de los discos o a algún sitio de internet para conocer sobre estos héroes anónimos. En cierto modo, hemos regresado casi 50 años, cuando la industria estaba llena de músicos desconocidos cuyos nombres nunca se daban a conocer, pero que formaban parte de una logia que estaba en muchos de los éxitos de las listas de popularidad.

Hoy en día tenemos la capacidad de preguntarle a Siri sobre la canción que está sonando en el radio, pero estas tecnologías pueden ayudar no sólo a conectar a los artistas con su público, sino ofrecer experiencias diseñadas para todo tipo de audiencia.

Realidad virtual y realidad aumentada, la nueva ola

Además de los cambios que la inteligencia artificial está impulsando en la industria discográfica, la llegada de tecnologías como la realidad virtual y la realidad aumentada traerán una nueva manera de consumir música.

Las experiencias de realidad virtual se han empezado a utilizar y hemos visto el uso de hologramas en festivales de música como la presentación de 2Pac en Coachella 2012 o la gira del holograma del vocalista de bandas como Rainbow y Black Sabbath, Ronnie James Dio.

Artistas como Brian Eno y Björk han impulsado el uso de estas tecnologías para crear nuevas formas de hacer y consumir música. Eno ha desarrollado varias aplicaciones para dispositivos móviles para crear experiencias multimedia con la música, incluyendo Bloom, una aplicación que permite la creación de música a partir de algoritmos. Mientras que la artista islandesa Björk desarrolló para su más reciente gira una experiencia de realidad virtual para que sus fanáticos puedan ver detrás de las bambalinas de uno de sus conciertos.

Kevin Chernett, del Grupo LiveNation, considera que las experiencias de realidad virtual pueden ser una gran herramienta en el futuro con la que se puede llevar a una persona de cualquier parte del mundo a experimentar un concierto de su artista favorito.

Aunque la industria cree que estas tecnologías todavía están en una etapa temprana, en unos cinco o 10 años, se convertirán en herramientas que explotará la industria e incluso, hay un área en donde las marcas pueden entrar para ofrecer una mayor cantidad de contenido.

Chernett considera que estas tecnologías no remplazarán los conciertos tradicionales, sino que serán extensiones de la experiencia de ir a un concierto, lo que incluso le dará a los fanáticos la oportunidad de mirar lo que sucede detrás del escenario para vivir toda una experiencia aumentada.

antonio.becerril@eleconomista.mx