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El 59% de las horas laborales en México ya es técnicamente automatizable
Aunque 59% de las horas laborales en México ya puede automatizarse con tecnologías existentes y generar hasta 204,000 millones de dólares anuales hacia 2030, la demanda de habilidades de IA avanza con rezago y solo alcanza a 2.4% del empleo.

El 59% de las horas laborales que actualmente se realizan en México podría automatizarse con tecnologías ya disponibles, de acuerdo con un análisis del McKinsey Global Institute sobre el futuro del trabajo en 15 economías de América Latina.
La medición se refiere a actividades específicas dentro de cada ocupación. Describe las tareas que una máquina podría ejecutar con las capacidades actuales y no calcula cuántos empleos desaparecerán.
McKinsey examinó las actividades detalladas de alrededor de 800 ocupaciones en cada país. El estudio llama agentes a las máquinas que realizan trabajo digital y robots a las que intervienen en el mundo físico. En el promedio latinoamericano, 39% de las horas podría automatizarse mediante agentes y 18% mediante robots, para un total de 57 por ciento.
México supera ese promedio en dos puntos porcentuales. La mayoría de los países analizados se ubica entre 55 y 59%, mientras Panamá registra 53 por ciento. La estructura mexicana distribuye el potencial entre software capaz de ejecutar tareas cognitivas y sistemas físicos utilizados en operaciones industriales.
Casi la mitad de las horas laborales de América Latina requiere capacidades físicas, frente a cerca de una tercera parte en Estados Unidos y Europa. Esa diferencia aumenta la importancia de la robótica y eleva el costo de automatizar, ya que instalar equipos físicos suele exigir una inversión mayor que desplegar agentes digitales.
México concentra 204,000 millones de dólares
La automatización podría liberar 204,000 millones de dólares anuales de valor económico en México hacia 2030 bajo el escenario intermedio de adopción planteado por McKinsey. Es la cifra más alta entre las economías estudiadas y supera los 135,000 millones calculados para Brasil.
Ambos países concentrarían cerca de 75% del valor regional. En México, alrededor de una quinta parte estaría vinculada con la manufactura. El tamaño de la fuerza laboral y los salarios relativamente más altos que en otros mercados latinoamericanos fortalecen el incentivo económico para automatizar la industria.
El cálculo de McKinsey refleja beneficios potenciales para las organizaciones mediante un mayor volumen de producción o por la capacidad liberada al reducir trabajo rutinario. Se trata de una medición distinta al crecimiento directo del producto interno bruto, debido a que parte del valor puede distribuirse dentro de cadenas globales o trasladarse a los consumidores.
Para toda América Latina, el escenario intermedio estima 453,000 millones de dólares anuales hacia 2030. Una trayectoria más gradual reduciría el monto a cerca de 230,000 millones. La tasa regional de adopción considerada por McKinsey es de 14% de las horas actuales, frente a 27% en Estados Unidos y 25% en Europa.
Los salarios más bajos de América Latina disminuyen el incentivo para reemplazar el trabajo humano cuando la tecnología resulta más cara. Aun así, 80% del valor económico regional provendría de agentes dedicados al trabajo no físico. En manufactura, esa proporción sería de 66%, mientras los robots aportarían 34 por ciento.
Las habilidades avanzan más despacio
México presenta una brecha entre su capacidad técnica de automatización y la demanda laboral de conocimientos relacionados con la IA. La proporción de ocupaciones cuyas vacantes solicitan estas habilidades se duplicó entre finales de 2023 y finales de 2025, hasta acercarse a 15 por ciento. Esas ocupaciones reúnen 2.4% del empleo mexicano.
El avance quedó por debajo del promedio de los cinco mercados estudiados con mayor detalle. En conjunto, la proporción de ocupaciones que pide habilidades de IA aumentó 2.6 veces. Argentina alcanzó cerca de 34% de sus ocupaciones y 13% de su empleo, mientras México registró una difusión más limitada.
En los cinco países, alrededor de 9.9 millones de personas trabajan en ocupaciones que ya solicitan habilidades vinculadas con IA. La cifra representa cerca de 5% del empleo conjunto. La demanda se extiende más allá de puestos técnicos, pues el uso cotidiano de herramientas de IA creció con mayor rapidez que el desarrollo de sistemas especializados.
Entre 2023 y 2025, la demanda regional de fluidez en IA aumentó casi 11 veces. McKinsey define esta capacidad como el conocimiento necesario para usar y administrar sistemas de inteligencia artificial. La mayor parte del incremento ocurrió fuera de las ocupaciones científicas y tecnológicas. En Estados Unidos y Europa, el crecimiento fue cercano a cinco veces durante el mismo periodo.
El estudio calcula que 66% de las habilidades solicitadas por los empleadores latinoamericanos se utiliza tanto en actividades automatizables como en trabajo que aún depende de personas. Otro 21% está asociado principalmente con tareas que podrían integrarse a flujos automatizados. El 13% restante corresponde a actividades donde pesan la interacción humana y las decisiones situacionales.
La administración de bases de datos y el procesamiento de registros financieros aparecen entre las capacidades con mayor exposición. Las relacionadas con atención directa o respuesta ante circunstancias impredecibles muestran niveles menores. La automatización cambiaría la distribución de tareas dentro de numerosos puestos, con trabajadores dedicados a supervisar resultados y conservar la responsabilidad final sobre las decisiones.
rodrigo.riquelme@eleconomista.mx

