El año 2021 se ha caracterizado por una recuperación de la economía mundial después de la fuerte caída del PIB observada en 2020 en el momento más álgido de la pandemia. Sin embargo, recientemente se ha observado que el proceso de recuperación ha enfrentado varios vientos en contra asociados a disrupciones en la cadena de suministro, nuevas oleadas de contagios, así como fuertes presiones en precios. La combinación de estos factores ha generado un panorama altamente complejo e incierto para aquellas personas que diseñan e implementan las políticas económicas, tal como se observó la semana pasada en las discusiones de las reuniones anuales que organizan el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Dentro de esta coyuntura tan difícil, la política monetaria global ha enfrentado menores grados de libertad.

Las presiones inflacionarias probablemente continuarán por lo que resta del año y en el 2022

Los temores sobre la inflación en el mundo se han exacerbado ante un futuro que se ve incierto y menos promisorio.

El incremento en los precios de las materias primas —energéticos, metales y agropecuarios— derivados de diversos choques de oferta, aunado a un encarecimiento en transporte, logística y la escasez de bienes intermedios ha puesto una presión importante en los costos (y por consecuencia en los márgenes) de las empresas.

Esta situación se ha combinado con algunas presiones de demanda asociadas a la transición hacia una reactivación de la economía. Como resultado, la inflación que enfrentan los consumidores se ha elevado a niveles no observados desde hace varios años en un sinnúmero de países. Desafortunadamente muchos de estos choques (tanto de oferta como de demanda) se extenderán a lo largo de los próximos trimestres, dificultando la convergencia de la inflación hacia los objetivos que tienen planteados los bancos centrales.

Los bancos centrales en economías emergentes han tenido que actuar rápido

La coyuntura para las economías emergentes ha sido más complicada, ya que la absorción de estos choques ha sido mayor respecto a la de aquellas economías más desarrolladas. De tal forma, se ha visto que Brasil, Rusia, República Checa, Hungría, Chile, Turquía, Perú, México, Polonia, Colombia y Corea del Sur han tenido que iniciar un proceso de alza de tasas de interés por parte de sus bancos centrales antes de lo que se tenía previsto originalmente, y en algunos de los casos a una mayor velocidad. En este contexto, es probable que el Banco de México continúe incrementando su tasa de referencia en las dos reuniones restantes de este año e inclusive seguir con esta estrategia a inicios del próximo.

El FED anunciará el próximo mes la normalización de su programa de compra de activos, marcando la posible estrategia de bancos centrales en economías avanzadas

En países desarrollados la estructura de la economía les ha permitido ser un poco más resilientes ante este proceso de formación de precios tan apremiante en todo el mundo. Sin embargo, la retórica de bancos centrales como el Fed, BCE, BoJ o BoE se ha tornado mucho más cauta en términos de los riesgos asociados a la inflación. Es en este contexto en el que se espera que el Banco de la Reserva Federal en EU anuncie en su próxima reunión de política monetaria los días 2 y 3 de noviembre el inicio de la normalización de su programa de compra de activos (conocido como tapering). A pesar de que el primer incremento de su tasa de referencia se espera hasta finales de 2022 o inicios de 2023, también el margen de maniobra de la política monetaria en economías avanzadas se está reduciendo.

En términos generales, se espera que la dinámica de inflación en el mundo continúe enfrentando riesgos por múltiples factores. Esta situación probablemente se extenderá durante gran parte del 2022, lo cual trae consigo un alto grado de complejidad en las estrategias de los bancos centrales, tanto en economías emergentes como en avanzadas. En este entorno, el debate se centrará en la estrategia que deberían de adoptar las autoridades monetarias, entre una más proactiva o una reactiva de cara a un futuro que continúa siendo incierto.

*El autor es director general Adjunto de Análisis Económico y Financiero de Grupo Financiero Banorte.