Antalya, Tur. En los balcones de los chalets sólo se alcanza a ver ropa tendida. Pueden pasar kilómetros sin que se perciba un alma al interior de alguna vivienda. Este centro turístico y puerto del sur de Turquía parece un auténtico pueblo fantasma.

Los cercos de seguridad impiden el paso peatonal, y cuando se avizora algún convoy presidencial, las camionetas o autobuses de traslado de personal se orillan en un acotamiento improvisado y abren paso, guiados por la policía turca. Sirenas, militares a bordo y ambulancias forman parte de las caravanas presidenciales.

El motivo: los hombres y mujeres de las naciones más poderosas del mundo están reunidos aquí. Barack Obama, Vladimir Putin, Angela Merkel, David Cameron y Xi Jinping son algunos de los líderes convocados a la reunión del G-20, las economías más grandes del orbe. Además, el ataque en Francia puso en alerta al mundo.

Ningún automóvil particular circula por el primer cuadro donde se celebra la reunión. El paso a peatones está tácitamente prohibido. No se puede salir caminando de un hotel, sólo hay traslados en unidades móviles.

En las calles sólo un par de almacenes de autoservicio abren sus puertas, pero ni un alma se observa que entre a éstos.

A la llegada de primeros mandatarios al Aeropuerto Internacional de la Ciudad de Antalya, francotiradores se apostaban en los alrededores para garantizar la seguridad.

El acceso al primer cuadro donde fue sede de la reunión de los líderes de las 20 economías más grandes del mundo era motivo de filtros y más filtros de seguridad, con revisiones exhaustivas a las pertenencias, el paso por detectores de metal e inspecciones físicas al interior de los autobuses de traslado.

El mundo está en alerta y eso se respira en el G-20.