El programa del gobierno federal Sembrando Vida, plantea una acción racional ante el cambio climático, sin embargo, carece de metodología que permita visualizar su éxito o, incluso, evitar incentivos perversos para atentar contra los ecosistemas, plantearon Adrián Fernández e Isabel Studer

Al participar en un webinar organizado por El Economista, dedicado a analizar la Cumbre de Líderes sobre el Cambio Climático, realizada los días 22 y 23 de abril pasados, Adrián Fernández Bremauntz, director ejecutivo de Iniciativa Climática de México (ICM) subrayó que todo parece indicar que el programa Sembrando Vida, que actualmente implementa el gobierno federal en 23,507 localidades de 884 municipios del país, no surgió por una preocupación ambiental, mucho menos climática, sino para apoyar económicamente a comunidades marginadas.

Dijo que, si bien plantea acciones loables, como acción de gobierno tiene mucha tarea pendiente como analizar cuáles serán sus beneficios y evitar incentivos perversos como motivar a los poseedores de terrenos a deforestarlos con el objetivo de que califiquen como beneficiarios del programa.

Aclaró que, si bien esa no es una situación generalizada, existe evidencia de qué sí se ha presentado en algunas regiones boscosas o selváticas.

Dijo que ese programa es una muestra clara de que, en el diseño de las intervenciones gubernamentales se debe tener absoluto respeto a la ciencia y la tecnología para hacer bien las cosas, con el fin de maximizar los beneficios y no implementar acciones de gobierno “sólo porque me late” aun cuando se tenga la mejor intención de ayudar a la gente necesitada.

En ese sentido, opinó que fue prematuro plantear la extensión del programa a Centroamérica, como lo hizo el presidente Andrés Manuel López Obrador el pasado día 22, cuando interrumpió su conferencia matutina para participar en la Cumbre de Líderes Mundiales sobre el Clima.

Cuestionó el planteamiento hecho por el presidente, sobre todo “si no das contexto y no das una muestra elemental de que entiendes la importancia y la urgencia del tema y que entiendes el papel que tu país puede jugar”.

Para el especialista, el problema es que no se cuenta con un estudio previo sobre el programa que incluya un sistema georreferenciado de los lugares donde se implementa para dar seguimiento a los avances, además de que no se ha hecho una valuación, ni del diseño del programa, ni de su impacto.

“Cómo nos atrevemos a algo que no ha sido evaluado en lo absoluto y que ha demostrado problemas de diseño y ya queremos extenderlo como si se hubiera probado que es una maravilla”.

Por su parte Isabel Studer, directora de Alianza Universidad de California en México expuso que sembrar árboles es una acción racional ante el cambio climático, porque absorben dióxido de carbono y los bosques retienen agua, pero la implementación de un programa como Sembrando Vida no es tan fácil.

Recordó que el presidente Felipe Calderón intentó un programa similar y fracasó.

Destacó que una intervención gubernamental como esa se debe hacer con las metodologías indicadas, que permita visualizar una reforestación a lo largo del tiempo.

Incluso dijo que los planes de reforestación pueden vincular a los mercados de carbono y se podrían movilizar recursos de los países desarrollados a los que están en vías de desarrollo, pero para ello se necesitan metodologías robustas que permitan observar de manera transparente el manejo de estos.

 

México puede implementar acciones inmediatas contra el calentamiento global

Por otra parte, ambos expertos plantearon las acciones que México podría hacer desde ya para contribuir a atacar el problema del calentamiento global y el cambio climático.

Fernández Bremauntz recordó que cuando la industria petrolera nacional trabajaba para cumplir con el compromiso de México para reducir las fugas de gases de efectos invernadero (particularmente de metano) en los procesos de producción petrolera, Pemex gestionó ante el gobierno federal y consiguió una moratoria, cuando la industria hacía ya un esfuerzo para cumplir con esa tarea, la cual se puede y debe hacer.

Dijo que también se pueden obtener ya avances importantes en la reducción de emisiones de carbono negro, que no es más que el hollín que se produce en la combustión de carbón, combustóleo y diesel.

Explicó que lo que se necesita es que los vehículos automotores a diesel no emitan esas grandes nubes de contaminantes y que los autos nuevos que se vendan en México, ya sean de tecnologías recientes, las cuales no se han podido introducir, a pesar de que están disponibles desde 2010 en Europa y Estados Unidos.

Eso se debe a que, así como Pemex ha impedido que entren las regulaciones de metano, la industria de camiones y tractocamiones que operan en México ha impedido dar ese pasito a vender solo unidades de última generación.

Explicó que el argumento de los industriales del ramo es que hasta que no haya el 100% de cobertura de diesel de ultra bajo azufre en todo el país, no es posible avanzar y que el gobierno disponga que solo se pueden vender autos de nueva generación.

En ese sentido recordó que, en México, las normas de eficiencia vehicular tienen más de una década de rezago.

Si en México se venden muchas camionetas de ocho cilindros, que consumen mucho combustible, es posible que la autoridad obligue a la industria a compensar esa situación haciendo que vendan más vehículos de cuatro cilindros, con el fin de equilibrar los promedios de emisiones del parque vehicular.

Para el especialista, el mayor problema es que, debido al desconocimiento del gobierno, la industria ha impuesto sus políticas.

“Las industrias de automóviles y de hidrocarburos festejan cada año que no haya un gobierno suficientemente capaz y con conocimiento para avanzar”, abundó.

Destacó que, si bien, la falta de algunas medidas para ayudar a cuidar al medio ambiente son herencia de gobiernos anteriores, se hubiera esperado que el actual capitalizara esa oportunidad y actuar de manera diferente.

En su opinión, el gobierno del presidente, Andrés Manuel López Obrador, continua con la inercia de gobiernos anteriores de no poner atención al medio ambiente y al cambio climático, porque no ha permeado hasta arriba de la estructura de gobierno el entendimiento para, utilizando el sobrado capital y la legitimidad democrática con que cuenta el jefe del Ejecutivo, haga que las cosas pasen.

A su vez Isabel Studer dijo que, para contribuir en la lucha contra el calentamiento global, México podría, en el corto plazo, incrementar las medidas para disminuir la emisión de gas metano al medio ambiente, que, si bien tiene 80% más factor de impacto que el bióxido de carbono, tiene vida más corta.

Si se redijeran las emisiones de ese gas, México podría cumplir casi en su totalidad su meta planteada ante los Acuerdos de París de reducir 35% las emisiones de los sectores petróleo y gas, apuntó.

Además, mencionó que esas emisiones fugitivas en la producción de gas representan una pérdida de 200 millones de dólares anuales, lo que equivale a 13 veces el presupuesto de la Agencia Nacional de Seguridad Industrial de Protección al Medio Ambiente (ASEA).

Además, un solo complejo procesador de gas pudiera satisfacer la mitad del consumo de gas residencial en todo el país. Es decir, somos muy ineficientes en la producción de gas y, si se redujera esas emisiones de sustancias de efecto invernadero, se podría reducir la ineficiencia, tener más recursos para el presupuesto de la ASEA, cumplir con las metas climáticas y con una agenda de colaboración bilateral con Estados Unidos.

Por otra parte, recordó que el sector del transporte es estratégico para la economía mexicana, pues 25% del PIB manufacturero viene de él y está integrado con Estados Unidos.

Indicó que habría que pensar las implicaciones de los planteamientos hechos por el presidente Biden, en el sentido de que uno de los puntos fundamentales de su plan de infraestructura es facilitar y acelerar la electrificación del sector transporte y hacerlos vehículos eléctricos más accesibles.

Eso traerá consecuencias para el sector en México y, por lo tanto, es posible configurar una agenda de cooperación robusta, si se toman las acciones necesarias en México para convertir eso en una oportunidad aprovechada, remarcó.

diego.badillo@eleconomista.mx

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