¿México está preparado con la infraestructura médica para enfrentar la segunda fase por el coronavirus (Covid-19)? El gobierno federal argumenta que sí. Los expertos confían en la estrategia gubernamental para frenar el crecimiento de contagios, pero alertan de focos rojos como falta de insumos para proteger a médicos y enfermeras.

De acuerdo con datos de la propia Secretaría de Salud federal, en el sector público y privado hay 121,435 camas, pero sólo 2,053 ventiladores para casos graves. Del número total de camas, sólo 5,000 son de urgencias; 3,617 de observación; 160 en áreas de neumología y 1,553 en áreas de cuidados intensivos.

Entrevistada por El Economista, la excoordinadora del programa IMSS Oportunidades, Carolina Gómez, afirmó que con base en esos números, “de ninguna manera vamos a tener suficiente infraestructura. Si se dieran 10,000 casos de manera simultánea, evidentemente colapsaríamos al sistema”.

“Haber entrado a la fase 2 y aceptar que ya tenemos casos de contagio comunitario, ponen en un alto riesgo a todos, por eso es importante tener las medidas preventivas: distanciamiento social, quedarnos en casa, lavado de manos continuo y agregarle unas cosas como limpiar las superficies de la casa”.

Alertó que el IMSS ya reconoció 10 sospechosos de contagio entre médicos y enfermeras en ocho estados, por lo que “la compra y distribución de insumos es urgente, porque los médicos están preocupados de que van a empezar a llegar enfermos altamente contagiosos y en estado crítico, y no van a poder protegerse ellos mismos.

“El director (del Centro Nacional de Programas Preventivos y Control de Enfermedades, Ruy López) dijo que están en proceso de comprarlos, pero nos indica una falta de previsión, porque todos supimos de esta enfermedad a principios de enero”.

Recordó que la Secretaría de Salud lanzó la convocatoria para contratar personal médico en el nuevo Instituto de Salud para el Bienestar (Insabi), pero destacó que “los procesos de contratación en el gobierno no son muy rápidos. Sí tenemos un gran reto como país y ha habido decisiones erráticas y muy lentas”, comentó.

Por separado, Mauricio Rodríguez Álvarez, profesor de la Facultad de Medicina y vocero de la Comisión de la UNAM para el Covid-19, respaldó las acciones hechas por el gobierno hasta el momento. Consideró que “desde hace meses se ha preparado el sector de la Salud”, y “lo más importante ahorita es la participación de la sociedad para detener el contagio, las instituciones ya están preparadas, y las epidemias no se detienen”.

Rodríguez Álvarez aseveró que el control del contagio interno dependerá de que los ciudadanos aumenten “al máximo” el distanciamiento social. “Con eso podemos hacer que las cosas ocurran en las siguientes 12 semanas y no en las siguientes cuatro próximas. ¿Cómo? Aislando a los enfermos, protegiendo a los vulnerables, evitando contagios no saliendo a la calle, sin que se afecte por completo la vida económica y los que viven al día”.

Estimó que la experiencia vivida en Italia y España muestra que “no hay ningún país en el mundo que esté preparado para una pandemia como ésta. Todos los países se ven rebasados, se ven saturados y muy comprometidos, no hay manera de estar preparado para algo así”.

El médico de la UNAM sostuvo que si bien hubo mensajes encontrados del gobierno al inicio de la contingencia, al decretar la fase 2 el pasado lunes ya “hay una voz unificada, concentrada con todas las instituciones, una voz que ya cambió el tono, el nivel de seriedad, y esperamos que ahora exista esa continuidad y que la sociedad se conecte con esa seriedad. Todos los sectores, todos los niveles, y el gobierno identifiquen rápido a los enfermos”.

Respecto de testimonios de personas a quienes en instituciones de salud no se les aprobó la realización de una prueba, Rodríguez Álvarez mencionó que no se pueden hacer a la población abierta, “porque se comprometerían los recursos y habría mucha información que no aporte al control de la epidemia”.

Ruy López Ridaura, director del Centro Nacional de Programas Preventivos y Control de Enfermedades, estimó que unas 250,000 personas podrían contagiarse en nuestro país, de los cuales, 70% (175,000 aproximadamente) requeriría atención aunque presente síntomas leves; 80% de estos 175,000 casos tendría una enfermedad leve; 14% requeriría hospitalización; y 6% presentaría cuadro de gravedad en terapia intensiva, con uso de un ventilador.

Finalmente, el expresidente de la Comisión de Salud en el Senado, Ernesto Haro, quien dio seguimiento en el 2009 a la pandemia por el virus de influenza AH1N1, dijo confiar en la estrategia del gobierno federal.

Mencionó que “ahora lo importante es detener la curva de contagios. Si no logramos eso, la crisis va a provocar que demasiadas personas infectadas con síntomas serios estén solicitando al mismo tiempo servicios médicos y no tenemos el número de camas hospitalarias o los ventiladores”.

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