¿Qué ocurre cuando la violencia es cotidiana y se normaliza? Tania Adams del Centro Woodrow Wilson expone que en países de América Latina, como México, este fenómeno provoca que los niños no prosperen; las relaciones sociales entre individuos y grupos se vuelven más restringidas, polarizadas y conflictivas; y el apoyo social a la democracia sufre.

En el último reporte ¿Cómo la Violencia Crónica Afecta el Desarrollo Humano, las Relaciones Sociales y la Práctica de la Ciudadanía?, Adams expone que a nivel mundial existe un vínculo robusto entre iniquidad (injusticia) social e incidencia delictiva.

En una previa investigación, este think tank concluyó que altos niveles de violencia prevalecían donde existían altos niveles de iniquidad social, por ejemplo en México, Centroamérica, Colombia y Brasil.

El documento recoge que en nuestro país, la pobreza extrema es casi cinco veces mayor entre la población indígena que entre otros sectores de la población.

Tania Adams recoge que el estado de Guerrero es ejemplo sobre la crítica a la suposición que la seguridad en sí misma fortalece la democracia. Muestra cómo años de esfuerzos internacionales y gubernamentales de lucha contra el narcotráfico estimuló la descentralización y multiplicación de grandes y pequeñas organizaciones de tráfico de drogas y provocó un incremento en la violencia criminal y la seguridad ciudadana , se lee en el reporte.

Por otro lado, la autora de la investigación expone que el inmenso flujo de recursos y redes que han conseguido los cárteles de drogas en América Latina trasformaron la naturaleza de las políticas, seguridad, economía y sociedades en la región.

Agrega que aunque Estados Unidos sigue siendo el principal destino para la mayoría de las sustancias ilegales, 30% de la cocaína se envía desde México y América Central a Europa vía África occidental.

Señala que la violencia crónica es más frecuente en países o regiones con fragilidad de Estado. A nivel global, el número de personas que viven en esta situación, continúa creciendo. Mientras que sólo aquellos que viven en los asentamientos urbanos marginales representan 15% de la población mundial actual, esta cifra por sí sola podría representar 25% de la población mundial en el 2030.

Ante este panorama, Tania Adams propone un marco para abordar el problema desde otra perspectiva; más allá de percibir a la violencia como una serie de problemas discretos, recomienda entenderla como un fenómeno sistemático de múltiples causas y efectos.

Abunda que se reproduce desde un nivel micro a uno macro, provocando un efecto contagioso que impide severamente el desarrollo humano y produce más violencia.

Explica que este fenómeno funciona como un problema complejo para el cual no hay un vínculo evidente entre causa y efecto. Por ello, requiere metodologías que reflejen su naturaleza y que privilegien un prototipo de ensayo y error, monitoreo, análisis, reajuste y reevaluación continua y rápida de estrategias.

La investigadora del Centro Woodrow Wilson concluye con que la violencia crónica no es un problema que pueda ser resuelto o eliminado. Es más, precisamente, un dilema a largo plazo , explica.

Dada la complejidad y tenacidad de los factores que siguen reproduciendo la violencia, como tal, debe darse prioridad al fortalecimiento de la resiliencia humana y social, identificar dinámicas específicas y la naturaleza del sistema que lo reproduce.