Ciudad de México. Mientras que todas las miradas permanecían atentas a las elecciones presidenciales de este mes, los asientos del Senado y la Cámara de Diputados se llenaban silenciosamente de impresentables, como se les conoce en los medios de comunicación mexicanos. Los impresentables son legisladores cuyos nombres no aparecen en las papeletas, que a menudo no hacen campaña y quienes, de hecho, pueden ser mantenidos fuera de vista. Sin embargo, de acuerdo con el número de votos totales que sus respectivos partidos reciben en las urnas, son colocados en la Legislatura.

Son algunas de las personas más poderosas en México.

Estos incluyen a los jefes de los principales sindicatos o sus nietos; a incondicionales o mercenarios del partido, dependiendo de su punto de vista, y a la hermana menor del Presidente.

Y muchos de ellos, casualmente, son ejecutivos actuales o anteriores y asociados de las emisoras del duopolio televisivo de México, que enfrentan al fantasma de que se abran las frecuencias a la competencia.

La composición del Congreso mexicano es el producto de sistema proporcional de la representación parlamentaria en el país. Es constitucional, honrada por la antigüedad y, a veces, un poco vergonzosa.

En la Cámara de Diputados, 200 curules se distribuyen entre los partidos de acuerdo con la cantidad de votos obtenidos en general. En el Senado, 32 escaños son asignados a los miembros proporcionales.

Estos asientos proporcionales suelen ser entregados a pesos pesados políticos que trabajan en los cuartos traseros de sus respectivos partidos para pagar favores o para compartir el poder entre los grupos de interés o, para decirlo favorablemente, para mantener al mejor y más brillante -popular o no- cuerpo deliberativo de la nación.

Otra de las ventajas: estar en el Congreso otorga una inmunidad de enjuiciamiento político.

Mientras que los partidos políticos lo niegan, por años se han producido legisladores que se sienten aliviados al descubrir que una vez que están en el Congreso, es más difícil para los investigadores llevarlos a juicio , expuso Jeffrey Weldon, un analista político del Instituto Tecnológico Autónomo de México.

Entre novatos del Congreso se encuentran la hija y el nieto de la segunda persona más poderosa de México, Elba Esther Gordillo, la Presidenta vitalicia de un sindicato donde los maestros compran y venden sus puestos de trabajo y los resultados de las pruebas realizadas a los niños pone a México en el fondo de las naciones desarrolladas.

La hermana del presidente Felipe Calderón, Luisa María Calderón, irá al Senado tras su derrota en las elecciones gubernamentales de Michoacán. La sobrina de la esposa de Calderón también irá al Congreso.

Fernando Bribiesca, el hijo adoptivo del expresidente Vicente Fox, también obtendrá un lugar en la Cámara de Diputados.

UNA DE LAS SORPRESAS ES MANUEL

Bartlett, quien se desempeñara como Secretario de Gobernación por el PRI en 1988 y quien presuntamente fuera responsable de la caída del sistema que diera la victoria a Carlos Salinas de Gortari en las elecciones presidenciales de ese año. Bartlett hace su aparición en el Congreso bajo la bandera del Partido del Trabajo.

La buena vida continuará para Carlos Romero Deschamps, el millonario líder del sindicato de los trabajadores de Pemex, quien va al Senado por cortesía del PRI.

El virtual presidente electo mexicano, Enrique Peña Nieto (PRI), se ha comprometido a abrir Pemex a la inversión extranjera, lo que daría a Exxon o a Shell un pedazo del pastel en los proyectos de perforación. Esto haría que se le preste mucha atención a Deschamps, quien podría tratar de mediar en el acuerdo o bien, tirarlo.