Si bien es cierto que la asesoría de imagen ya existía desde décadas atrás en el ámbito político en el país, pocas veces había sido tan notorio el éxito de dicha labor, como en el caso del Presidente Enrique Peña Nieto, quién desde su campaña demostró una congruencia argumental estética en su vestir, a través de la elección de las prendas que usaría en cada uno de momentos claves en los que la construcción de su imagen pública requería de detalles que denotaran una escrupulosa coordinación.

Bajo una constante, siempre mantuvo un estilo en campaña que perfiló su personalidad destacando pulcritud, sobriedad y un cierto rigor en trajes con calidad en corte y texturas, que perfectamente conjuntó a las tendencias en boga y a los protocolos del vestir en el ámbito político y de los negocios: un traje italiano oscuro, una camisa blanca impecable y la corbata roja, fueron en más de una vez su estandarte visual.

Con una estratégica y plausible coordinación, llegó al primer día de su mandato en el que apareció con un traje de la firma Ermenegildo Zegna, camisa blanca y una corbata gris plata que manifestó un enfoque neutral, elegante y acorde a la vanguardia del vestir masculino. Cabe destacar que resaltó el corte del traje con un fit impecable y el uso de mancuernillas para darle un carácter de sobriedad y clase al atuendo.

Por su parte, la Primera Dama, Angélica Rivera, optó por llevar un vestido acinturado de encaje y transparencias en empalmes en color gris de la marca Dolce & Gabbana. El vestido fue una acertada elección por parte de ella y su asesor José Ramón Hernández, ya que obedece a tendencias en moda, además de que brindó un carácter de modernidad para un evento de protocolo político. Con él, se coordinaron accesorios moderados, calzado y bolsa clutch en tono nude para no saturar la imagen y no quitar peso protagónico a la textura del vestuario base.

Así, ambos refrendan su estilo y llegan al poder con una estética que hasta el día de hoy, no se había visto en una pareja presidencial.

klm