John abrió la cajuela de su Camry nuevo. En ella se encontraban perfectamente acomodados un par de chalecos antibalas, un casco táctico, una escopeta Remington 870 empotrada en el techo de la cajuela y un contenedor de plástico con varias decenas de cartuchos para la escopeta y la pistola 9 mm que siempre tenía a la mano.

John había formado parte del Servicio Secreto de EU durante el periodo presidencial de Ronald Reagan y en 1994 trabajaba como agente de la ATF.

Sus canas se confundían en su escaso cabello rubio, lo que le daba un brillo de plata pulida. John, un hombre corpulento de casi dos metros de altura, intimidaba a todos; sin embargo, su infantil sonrisa podía ablandar cualquier situación. Su físico, arquetipo del all american hero, hacía recordar al guardaespaldas de Jonny Quest, Roger Race Bannon.

John, como muchos a lo largo de varias decenas de años, fue un agente que realizó incursiones en territorio mexicano bajo el mando de una agencia gubernamental estadounidense.

El 28 febrero de 1993, inició uno de los episodios más violentos que haya involucrado a la ATF en Estados Unidos: el sitio y ataque al rancho Monte Carmelo de los davidianos en Waco, Texas. John estuvo ahí junto con uno de sus amigos más cercanos, que murió con otros tres agentes de la ATF.

Tras ese suceso, John fue trasladado a Laredo, Texas, desde donde tuvo numerosas incursiones a territorio mexicano en misiones secretas. Le divertía mostrar sus licencias de conducir de Sinaloa, Tamaulipas, Chihua­hua y Nuevo León con nombres distintos y clichés de la identidad mexicana - como Juan González- ; era difícil relacionar los nombres con la fotografía.

RELACIÓN AGRIDULCE

El inusual incidente en Tres Marías -ocurrido el 24 de agosto- que involucró a dos ciudadanos estadounidenses, aparentemente empleados de la Embajada de Estados Unidos en México, y a policías federales que atacaron la camioneta con placas diplomáticas donde se transportaban éstos, ha generado cuestionamientos respecto del papel de los estadounidenses en México y el origen de su misión, así como la intervención oculta de agentes de distintas corporaciones -armados o desarmados- en México.

De acuerdo con The Washington Post, el nombre de uno de los estadounidenses involucrados -Stan D. Boss- es una de las múltiples identidades encubiertas utilizadas por la CIA para sus agentes en misiones internacionales. En la misma publicación, el diario refirió que tanto funcionarios del FBI, el Pentágono y la DEA negaron la incorporación de ambos hombres en sus filas.

El tema de la seguridad entre México y Estados Unidos y la participación de agentes de distintas dependencias en el país ha sido el centro agridulce de las relaciones entre ambas naciones. Se habla de falta de coordinación, pero el asunto va mucho más allá. Pocas cosas son claras y los acuerdos son escasos o nulos y dispersos, pero en ocasiones se trasluce una tendencia unilateral hacia las necesidades del norte y la función de México como centro de operaciones de la CIA. Al respecto, el papel de la dependencia en el país ha generado literatura y especulaciones respecto de la incorporación de expresidentes mexicanos y funcionarios públicos dentro de la nómina de la agencia de espionaje.

Para el internacionalista Leonardo Curzio, esta interacción binacional es algo que no obedece necesariamente a un acuerdo o marco firmado, como el Tratado de Libre Comercio, sino a una serie de tradiciones, viejas relaciones y usos y costumbres que se dan entre los dos países durante los gobiernos priístas y los gobiernos panistas.

Es un tipo de relación que una dependencia mexicana establece con una estadounidense sin que medie efectivamente un tratado, acuerdo o siquiera un memorando de entendimiento; la relación se va dando de manera fluida y se ha dado desde hace muchos años , abundó Curzio en entrevista.

De acuerdo con su publicación La seguridad nacional en México y la relación con Estados Unidos, a raíz de los atentados terroristas del 11 de septiembre del 2001, México otorgó un apoyo indiscutible para desplegar una estrategia de defensa y combate contra el terrorismo internacional . Esto significó que el país realizó todos los cambios necesarios tanto en su estrategia de seguridad como en su agenda de riesgos . Dichos cambios fueron tácitamente en controles aeroportuarios del país y en el control de extranjeros en tránsito en México.

Tales acciones competieron a las autoridades mexicanas en virtud de los requerimientos considerados por EU durante esta época de crisis de sus fronteras.

VIEJOS REPROCHES

La excanciller Rosario Green aclara que pese a que la incursión de agentes estadounidenses es gestionada por acuerdos entre ambas naciones, éstos no son agentes diplomáticos ni consulares, por ello no gozan los privilegios brindados por la Convención de Viena y pueden ser cachados en cualquier momento por autoridades mexicanas.

Desde la óptica de la expresidenta de la Comisión de Relaciones Exteriores de la LXI Legislatura del Senado, la administración de Felipe Calderón relajó los términos en los que tradicionalmente operan los agentes estadounidenses en México, por lo que los mexicanos nos hemos tenido que quedar sin la explicación que exigimos , afirmó.

Nunca hemos logrado que se nos informe acerca del número preciso. Infinidad de veces, en el Senado pasado, le preguntamos a la Canciller, cuando asistió a las comparecencias, el número de agentes. Y ella sostiene que decir el número de agentes pone en peligro la vida de los mismos, pero ni la Iniciativa Mérida ni operaciones como Rápido y Furioso pasan por el Congreso mexicano; son decisiones del Ejecutivo , reprochó.

Recientemente, un artículo del sitio noticioso de EU, Business Insider, publicó unos correos filtrados de la firma de inteligencia Stratfor, que sugieren el posible involucramiento de agentes estadounidenses en el control del tráfico de drogas en su territorio.

Es difícil determinar el involucramiento de Estados Unidos en México sin hacer referencia a una de las tantas situaciones envueltas de un halo de secrecía y sospechosísimo. El hecho es que este año -escenario de un cambio de gobierno en México y elecciones en EU- representará un marco para observar los posibles cambios de las políticas exteriores de ambos países, si existe un claro cambio en la estrategia de seguridad de México y si existe una respuesta para los mexicanos con respecto a las operaciones de los agentes extranjeros en el país.

jorge.camarena@eleconomista.mx