El llamado Triángulo Rojo se ubica apenas a media hora de la ciudad de Puebla, está conformado por seis municipios en los que pasan ductos de gasolina y diesel, además de petróleo y se ha hecho de las tomas clandestinas un negocio que pasó de ser esporádico en el 2010 a una actividad de crimen organizado.

Los reportes que se tienen indican que los ataques a los ductos de Pemex comenzaron a ser más agresivos a mediados del año pasado. Fue un fenómeno en el que el gobierno estatal no participó porque adujo que era un delito federal; sin embargo, en los últimos meses tuvo que pedir el apoyo de fuerzas federales.

Los municipios que conforman el Triángulo Rojo son Quecholac, Acatzingo, Tepeaca, Acajete, Tecamachalco y Palmar de Bravo. Por esta zona pasan las carreteras que conectan a Puebla con Veracruz las ciudades de Córdoba, Jalapa y el puerto , y de acuerdo con los informes a los que se tuvo acceso, la gasolina robada en los ductos de Pemex no está terminada por lo que no cumple con la normatividad ambiental.

La intervención del gobierno estatal se da a raíz de que el crimen organizado empezó a operar en Amozoc y en Ciudad Serdán, dos lugares muy cercanos a la capital.

Se calcula que la ganancia ilícita obtenida por las tomas clandestinas y la venta de combustible robado es de unos 1,600 millones de pesos al mes.

Las tácticas usadas para evitar la intervención de las Fuerzas Armadas y de la Policía Federal son iguales a las usadas inicialmente en los narcobloqueos de Tamaulipas y que luego se extendieron hacia Monterrey. Otra de las prácticas importadas desde el narco es la llegada de halcones, jóvenes o niños que informan de movimientos de tropas y de policía por un pago que puede alcanzar hasta 12,000 pesos mensuales.

La información señala que detrás de toda la organización de las tomas clandestinas en Puebla hay elementos provenientes del crimen organizado, específicamente de los Zetas, que proveen de armas largas y de grueso calibre, uniformes, cartuchos y vehículos además de radios que llegan de Veracruz y Tamaulipas.

Hasta ahora el único liderazgo definido por estas actividades es un exalbañil veracruzano apodado el Bukanas de quien se tienen registrados dos nombres. Roberto de los Santos de Jesús, que es quien tiene el control del crimen organizado incluyendo robo, extorsión y secuestro junto con las tomas y la venta de combustible robado, su hermano, Saúl de los Santos de Jesús es el operador y quien controla a dos bandas: Los Tlacuaches y Los Gasparín.

El litro de gasolina robada se vende entre los cinco y los seis pesos, en bidones o directamente en los vehículos. Originalmente la venta se hacía a pie de la carretera, pero en los últimos meses ha ido evolucionando hasta tener negocios fachada en donde se despacha en la parte de atrás de los inmuebles.

A nivel nacional se reportan más de 21,000 tomas clandestinas y el ducto más atacado es el Minatitlán-México, de unos 592 kilómetros de largo, de este monto 154 cruzan por Puebla.