Los conflictos al interior y entre los cárteles de drogas, sumado a factores socioeconómicos, han disparado la ola de violencia en México en los últimos años, expuso David Shirk, del proyecto Justice in Mexico de la Universidad de San Diego, California.

En una mesa de análisis organizada por el Instituto México del Centro Woodrow Wilson, explicó que mientras la pobreza e inequidad son el combustible, al final, la chispa que enciende la violencia tiene que ver con las dinámicas entre los grupos de la delincuencia organizada.

En el trabajo “Violencia por Drogas en México 2017”, este proyecto de investigación destaca que en la última década han aumentado los homicidios, los cuales incrementaron dramáticamente en el 2007. Shirk explicó que los números han fluctuado a través de los años; sin embargo, el 2017 se posiciona como uno de los años más violentos.

El proyecto Justice in Mexico menciona la extradición a inicios del 2017 del fundador del Cártel de Sinaloa, Joaquín el Chapo Guzmán a Nueva York, Estados Unidos para enfrentar cargos de delincuencia organizada, asesinato y tráfico de estupefacientes, entre otros.

David Shirk explica que, de acuerdo con su análisis, el incremento de la violencia del 2015 al 2017 podría deberse a los conflictos entre organizaciones narcotraficantes a raíz de la tercera detención del Chapo en el 2016. En particular, esta aprehensión dio lugar a una nueva célula llamada Cártel Jalisco Nueva Generación.

Para reducir los niveles de violencia, el especialista plantea que se abandone la llamada estrategia kingpin (localización, captura e incapacitación de las figuras claves de los cárteles) y se dé prioridad a las investigaciones y enjuiciamientos.

Asimismo, recomienda impulsar el cumplimiento de la ley; combatir la corrupción de la mano con el gobierno y el sector privado; así como moverse hacia un abordaje al problema de las drogas desde el punto de vista de la salud.

Esto último, toda vez que existe un gran mercado de consumo de drogas en Estados Unidos y otros países como Australia; “este mercado que pone dinero en los bolsillos de los traficantes de drogas (y) les permite corromper a funcionarios”, advierte.

Shirk también destaca que en México están particularmente en riesgo funcionarios y miembros de los medios de comunicación, ello ante un año electoral en el que probablemente habrá muchos cambios.

Por otra parte, en el informe sobre violencia de las drogas, esta organización destaca que los aspirantes a la Presidencia de la República habían sido vagos en materia de estrategias de seguridad.

ana.langner@eleconomista.mx