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Opinión

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El fin del Mundial y la factura del hogar

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Enrique Campos Suárez | La gran depresión

Enrique Campos Suárez

¿Vio la frustración de los argentinos que perdieron el partido final? ¿Notó las lágrimas de Messi? Bueno, espérese a ver los estados de cuenta de sus productos crediticios para ver si no acaba, también, bailando tango.

Durante semanas, la atención y el flujo monetario de los hogares mexicanos se concentraron en una “caja mundialista”. En ella cupieron cervezas, botanas, plataformas de envío, el consumo en restaurantes y hasta la compra de pantallas de televisión; una canasta de consumo inspirada en el futbol que, a primera vista, sugeriría un despertar vigoroso del mercado interno. Sin embargo, detrás del festejo y tanta euforia los datos del Inegi y del consumo agregado empiezan a transparentar con crudeza un fenómeno de canibalización de los bolsillos.

El comportamiento del Índice Nacional de Precios al Consumidor en los meses previos y durante la justa deportiva deja ver que las presiones fueron dispares. Los servicios y alimentos consumidos fuera del hogar registraron un incremento anual persistente, superior a 6.0 por ciento. Y hablando de los precios, ahí quedan los aumentos de los insumos críticos para la botana, como el segmento de papas y tubérculos que acumuló alzas de más de 60%, lo cual, si bien puede responder a argumentos de temporalidad agrícola, pega directamente en el plato de las botanas.

Es un hecho, el gasto promedio extraordinario por persona en los días de partidos clave, como el domingo pasado, fue el motor de una derrama económica muy focalizada, pero realmente efímera. Y es aquí donde llega la cruda macroeconómica, porque está claro que el dinero es finito y el presupuesto familiar no se multiplicó por arte de magia futbolística.

El Indicador Big Data de BBVA correspondiente al periodo del evento encendió las alertas al reportar una caída mensual de 0.2% en el consumo total del país. La conclusión es inevitable: no hubo una expansión real de la economía ni un incremento genuino de la capacidad de compra de la población. Lo que vimos fue una redistribución del ingreso disponible.

Para financiar las cervezas, los abundantes pedidos a domicilio, las alitas en el bar o todas las pulgadas de la nueva pantalla, las familias tuvieron que recortar el gasto en otros rubros básicos o posponer la compra de otros bienes duraderos no relacionados con el entretenimiento; o, peor, llorar como Messi ahora que llegue el estado de cuenta de la tarjeta de crédito.

Esta canibalización de los bolsillos tiene implicaciones directas en el comportamiento futuro del presupuesto familiar y del país. Muy pocos de los gastos realizados hasta ahora para el Mundial actuarán como catalizadores de un crecimiento sostenido; más bien fueron un espejismo que absorbió la liquidez inmediata de los hogares.

El balón ya no rueda, pero allá afuera se mantienen las presiones inflacionarias subyacentes. Los precios de los energéticos están de vuelta en la vorágine de la guerra, lo que también presiona las cadenas de suministro de los alimentos; y de esa manera, el consumidor tiene que enfrentar esta segunda mitad del año con un presupuesto desgastado y un menor margen de maniobra.

La Copa del Mundo ya tiene dueño, pero la factura de la fiesta apenas va a empezar a cobrarse en los hogares mexicanos.

Para financiar las cervezas, los abundantes pedidos a domicilio, las alitas en el bar o todas las pulgadas de la nueva pantalla, las familias tuvieron que recortar el gasto en otros rubros básicos.

Enrique Campos Suárez

Su trayectoria profesional ha estado dedicada a diferentes medios. Actualmente es columnista del diario El Economista y conductor de noticieros en Televisa. Es titular del espacio noticioso de las 14 horas en Foro TV.

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