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Agatha invita

Agatha Mary Clarissa Miller, mejor conocida como Agatha Christie.
Por su culpa, parecería que justo cuando llegan los meses de verano, los crímenes empiezan a tramarse. Hizo de ellos un arte narrativo, muchas veces retomando historias verdaderas, pero otras, con el simple poder de su imaginación. Bautizada con el nombre de Agatha Mary Clarissa Miller y nacida en 1890 en la ciudad inglesa de Torquay, estaría destinada a ocupar un lugar privilegiado en la historia de la literatura policíaca o detectivesca. Conocida simplemente como Agatha Christie, a lo largo de su carrera, publicó más de 66 novelas policiacas, 6 novelas rosas y 14 cuentos, además de obras de teatro como La ratonera o Testigo de cargo. Sus novelas son mapas donde la curiosidad conduce tanto a lugares remotos como a los pliegues más secretos del corazón humano, con todo y sus oscuras motivaciones. Increíble, lector querido, pero todas ellas perfectas para leer en vacaciones.
Los expertos en datos duros aseguran que existen entre dos y cuatro mil millones de copias de sus obras publicadas, que es la novelista que más obras ha vendido en todos los tiempos después de la Biblia y William Shakespeare y la primera mujer en hacerlo. Según otras fuentes, también es la autora más traducida del mundo, con ediciones publicadas en al menos 103 idiomas. Y ya para hablar de nuestro siglo, en 2013, su obra El asesinato de Roger Ackroyd fue elegida la mejor novela de crimen de todos los tiempos por los 600 miembros de la Asociación de Escritores de Crimen.
Sin embargo, más allá de premios y distinciones, lo que distingue a Agatha Christie es haber dedicado su vida a perfeccionar el arte del enigma, construir tramas ingeniosas y crear personajes inolvidables que acabaron siendo héroes literarios. Entre ellos la perspicaz Miss Marple y el detective belga Hercules Poirot.
La primera, una clásica dama entrada en años del interior de Inglaterra con apariencia apacible pero conocedora de la naturaleza humana. Vive en un pueblecito pequeño y resuelve los misterios del crimen gracias a su memoria y a una peculiar manera de detectar las pequeñas pasiones y mezquindades que observa en sus vecinos. Muy reacia a salir de su hogar, tiene como herramientas para desentrañar los más complicados hechos, sus agujas de tejer y varios ovillos de estambre. Así, calmadamente, desteje las intrigas y teje sus conclusiones.
Heroína de la novela "Misterio en el Caribe", Miss Marple se ve obligada a resolver un crimen en una isla tropical, demostrando que el mal puede aparecer incluso en los lugares destinados a la relajación y el descanso. El capítulo tres, dice así:
Miss Marple pidió que le llevaran el desayuno a la cama. Como de costumbre se componía de una taza de té, un huevo pasado por agua y una rodaja de papaya.
La fruta de la isla no acababa de convencer a Miss Marple. La desconcertaba. Todo sabía siempre a papaya. ¡Ah! Si se hubiera podido hacer servir una buena manzana… Pero las manzanas parecían ser desconocidas ahí. Después de una semana en la isla Miss Marple se había habituado ya a refrenar un distintivo impulso: el de preguntar por el tiempo. Era siempre idéntico: bueno. No se registraban cambios notables.
Aquel sería un día como cualquier otro, se dijo.
No iba a ser así, sin embargo.
Después del desayuno, cuando avanzaba muy despacio por el sendero que conducía a la playa se encontró con Molly Kendall.
La joven no sonreía, cosa extraña en ella. Su aire era confuso era tan evidente que Miss Marple empezó a preguntarle: ¿pasa algo querida?
Molly asintió un poco antes de contestar:
— Bien, al final acabará enterándose igual que todo el mundo. Se trata del comandante Pellgrave. Ha muerto esta noche y ayer muy animado parecía encontrarse perfectamente. Desde luego, era ya muy viejo.
La señorita Marple se enfada al entrever en su interlocutora la suposición de que todas las personas de edad avanzada están expuestas a morir de un momento a otro y termina resolviendo el misterio que nada tiene que ver con la muerte natural.
"Hércules Poirot" es otra cosa. Con gran teatralidad al exponer a los culpables, es un hombre vanidoso, egocéntrico y atildado hasta lo insufrible. Se considera a sí mismo como "el más grande detective del mundo" y detesta que lo tomen por “francés” pues es un oficial belga retirado, que se exilió en Londres después de la Primera Guerra Mundial. Su rasgo distintivo es el engominado bigote que cuida y recorta con un cuidado casi obsesivo, su pequeña estatura, su cabeza que recuerda a un huevo y la superioridad que demuestran el rigor de su lógica y el orden de sus célebres “células grises”. Los casos que Poirot resuelve son variopintos. Algunos suceden en Inglaterra, pero muchos en el extranjero. Lo atestiguan novelas como "Muerte en el Nilo", "Asesinato en Mesopotamia", "Cita con la muerte", ambientada en Petra, "Intriga en Bagdad" y "Asesinato en el Expreso de Oriente", donde Europa desfila ante las ventanillas de un tren detenido por la nieve.
A pesar de que Agatha Christie decía que hallaba la inspiración lavando platos, su extraordinaria capacidad para construir tramas ingeniosas se nutrió de los lugares que visitó. Por ello sus libros son una invitación al viaje. Acepte usted, lector querido.
