Estados Unidos y México tienen prisa por llegar a un acuerdo en el TLC 2.0, aunque Donald Trump diga lo contrario y salga con un problema para cada solución que encuentran los equipos negociadores.

México es el que tiene más prisa. Eso ni duda cabe. Esta prisa tiene que ver con el cambio de gobierno y con la necesidad de mantener en calma los mercados. Desde que Trump ganó la Presidencia, el tipo de cambio se mueve al ritmo que marca el mandatario estadounidense con sus opiniones sobre el TLC.

El equipo mexicano trabaja para lograr que el acuerdo esté listo para que Enrique Peña Nieto ponga su firma en él. Es un asunto simbólico, pero también práctico. Implicaría lograr que la negociación sea concluida por el mismo equipo que la ha llevado durante un año, encabezado por Ildefonso Guajardo y Juan Carlos Baker. Si así fuera, no habría riesgos por la entrega de estafeta al equipo del próximo gobierno, liderado por Jesús Seade.

Para el equipo de AMLO, asumir la Presidencia con las negociaciones concluidas tiene muchas ventajas. La principal es que tendrían un asunto complicado menos que atender, cuando se hagan cargo del gobierno. Una negociación cerrada reduciría la presión en el tipo de cambio y permitiría trabajar otros temas de la relación bilateral con EU, por ejemplo, migración, seguridad y administración compartida de la frontera. En lo interno, pasar la página del TLCAN, permitiría enfocar la relación con los empresarios a asuntos tan relevantes como el desarrollo compartido de los proyectos de infraestructura y el lanzamiento del programa de becas-trabajo para los jóvenes.

En el caso de Trump, una conclusión exitosa de las negociaciones le daría la oportunidad de reducir la tensión interna que ha generado su pugna con China. Esto reviste mucha importancia en su relación con las grandes corporaciones y con los productores agropecuarios estadounidenses. Hacia ellos se dirigen gran parte de las sanciones que imponen China y otros países, como represalia por los incrementos de tarifas decretados por la administración Trump.

Un acuerdo con México y Canadá para modernizar el NAFTA, le daría a Trump la oportunidad de obtener un estandarte que mostrar de cara a las elecciones intermedias que se celebrarán en noviembre. El mandatario no estará en las boletas, pero sí lo harán muchos de sus aliados. Dejando de lado la parte del electorado que es antilibre comercio, parece que en las urnas ayudaría a los candidatos republicanos un TLCAN modernizado en términos positivos para EU.

Ayer hubo dos reuniones en Washington DC. La primera a las 10 de la mañana y la segunda a las 2 de la tarde. De la primera sesión, surgió una ola de optimismo en los negociadores mexicanos. Todo iba bien, pero llegó un tuit de Trump y se enfriaron los ánimos. El acuerdo está muy cerca y muy lejos. El problema es que hay un plazo fatal: el 25 de agosto. Ésta es la fecha límite, si el objetivo es que lo firme Peña Nieto y que Trump llegue con el TLCAN resuelto a las elecciones intermedias.

Si no se logra el acuerdo para la próxima semana, las negociaciones entrarán en otro territorio. Veremos más peso de Jesús Seade, el representante de AMLO, y una nueva ola de politización del acuerdo en Estados Unidos. La cosa está complicada... y además falta Canadá.

Luis Miguel González

Director General Editorial de El Economista

Caja Fuerte

Licenciado en Economía por la Universidad de Guadalajara. Estudió el Master de Periodismo en El País, en la Universidad Autónoma de Madrid en 1994, y una especialización en periodismo económico en la Universidad de Columbia en Nueva York. Ha sido reportero, editor de negocios y director editorial del diario PÚBLICO de Guadalajara, y ha trabajado en los periódicos Siglo 21 y Milenio.

Se ha especializado en periodismo económico y en periodismo de investigación, y ha realizado estancias profesionales en Cinco Días de Madrid y San Antonio Express News, de San Antonio, Texas.