Llegó la fecha límite y no hay acuerdo. “De ningún modo estamos cerca de un acuerdo”, dijo Robert Lighthizer, jefe negociador de Estados Unidos. Hay diferencias significativas en propiedad intelectual, acceso a los mercados agrícolas y cuestiones laborales, entre muchos temas.

No hay acuerdo, ni siquiera para manejar un mensaje común. El pesimismo lapidario de Lighthizer contrasta con el discurso oficial de Justin Trudeau: “estamos muy cerca de un acuerdo”, dijo en Nueva York. Podríamos conseguirlo antes de que termine mayo, comentó Ildefonso Guajardo desde la Ciudad de México.

Canadá y México parecen cercanos en su interpretación del momento, pero no traen la misma partitura. Trudeau se refirió a algunas concesiones que México haría para convencer a Estados Unidos. Guajardo reaccionó inmediatamente: México no aceptará un acuerdo en el que se pierdan empleos que ya se tienen en el sector automotriz, dijo.

¿A qué se refieren Trudeau y Guajardo? México habría aceptado que una parte del contenido de los vehículos de la Región NAFTA sean producidos por mano de obra que gane 16 dólares por hora. Estados Unidos pedía 40% y México ofrece 20%, trascendió. Parecía una buena contrapropuesta, pero no le gustó a Estados Unidos. Dicen que Trump quiere más y, adicionalmente, no quiere que esta “concesión” mexicana genere obligaciones para los estadounidenses en otros temas, por ejemplo en comercio agropecuario o en visas de trabajo temporales para trabajadores técnicos mexicanos.

Llegó la fecha límite y no se acabó el mundo... pero se complicaron las cosas porque la negociación se “contamina” con el calendario político. En Estados Unidos, un escenario muy probable es que las elecciones de noviembre coloquen un Congreso dominado por demócratas que impulsarían una agenda hostil a los acuerdos comerciales. Quizá no se note mucho, pero uno de los principales aliados de México en el TLCAN son los legisladores republicanos. Muchos de ellos perderán sus escaños.

Para México, el escenario político en el 2018 está lleno de campos minados. No en balde, el sueño del canciller Luis Videgaray era lograr un acuerdo en el 2017. Hasta ahora, las fuerzas políticas y los candidatos han respetado las negociaciones del TLCAN y no han tratado de lucrar con ellas. En parte, quizá, porque saben o intuyen que es material radiactivo: mucho que perder y poco que ganar.

Será interesante ver qué pasa en el debate del domingo en Tijuana. ¿Veremos alguna divergencia significativa? Si así fuera, sería el principio de una nueva dinámica en la que los candidatos y sus equipos empezarían a debatir sobre el TLC.

¿Habrá acuerdo antes del 30 de junio? Para el gobierno de Peña Nieto, esta es la verdadera fecha límite. Tener un acuerdo antes de las elecciones permitiría dedicar el segundo semestre a buscar los acuerdos políticos para lograr la aprobación del Tratado de Libre Comercio en el Congreso mexicano.

En caso de que no haya acuerdo antes del 30 de junio, se necesitaría un pacto de Peña-Videgaray-Guajardo con el equipo del candidato ganador sobre el TLC. Sería normal que surja una discusión sobre quién debería liderar las negociaciones: ¿El gobierno saliente o el próximo? No esperen argumentos racionales. Habrá arrogancia en los ganadores y bilis/miedo en los perdedores. No se acaba el mundo, pero el calendario se nos vino encima.

lmgonzalez@eleconomista.com.mx

Luis Miguel González

Director General Editorial de El Economista

Caja Fuerte

Licenciado en Economía por la Universidad de Guadalajara. Estudió el Master de Periodismo en El País, en la Universidad Autónoma de Madrid en 1994, y una especialización en periodismo económico en la Universidad de Columbia en Nueva York. Ha sido reportero, editor de negocios y director editorial del diario PÚBLICO de Guadalajara, y ha trabajado en los periódicos Siglo 21 y Milenio.

Se ha especializado en periodismo económico y en periodismo de investigación, y ha realizado estancias profesionales en Cinco Días de Madrid y San Antonio Express News, de San Antonio, Texas.