Los rasgos fascistas de Trump pisotean a los dos países; ambos gobiernos aceptan sus condiciones

Donald Trump cancela la posibilidad de otorgar asilo a inmigrantes, viola acuerdos suscritos ante Naciones Unidas e impone condiciones a México y Guatemala.

Guatemala se escandaliza y en México el Senado enmudece, la oposición continúa bajo los escombros desde julio del año pasado y la izquierda se pone de perfil para no criticar a su ídolo, claro, con la excepción de Porfirio Muñoz Ledo.

En Guatemala califican de insumisa la actitud de su secretario de Gobierno firmando un documento en la Casa Blanca con Trump a sus espaldas como vigía; en México, los tuiteros aplauden la fotografía en la que un funcionario de Relaciones Exteriores come cacahuates en la Casa Blanca durante la “negociación” en la que Trump impuso cambios en la política del gobierno mexicano. Contrastes que llaman la atención.

Los tuiteros guatemaltecos llaman a su cómico-presidente #JimmyVendePatrias. En México, la sociedad continúa entrampada en el misterio semántico del tercer país seguro.

Guatemala tiene una postura mucho más crítica comparada con México sobre la actitud antidemocrática y abyecta de su presidente.

En los últimos 100 metros la sociedad guatemalteca ha rebasado a la mexicana.

No importa que haya sido gracias a la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), una especie de catering judicial de Naciones Unidas ante el debilitamiento de las instituciones guatemaltecas.

En Guatemala la policía fue a la residencia presidencial de Otto Pérez Molina para llevarlo a la prisión acusado de corrupción. Su amante, la entonces vicepresidenta Roxana Baldetti, también vivió la misma experiencia.

En México, puro teatro mediático.

En Guatemala llevaron a prisión al director del banco central y del SAT local gracias a la Cicig pero también al Ministerio Público. Algo está pasando en Guatemala.

En Guatemala, al acuerdo impuesto por Trump se le conoce como tercer país seguro; en México, el secretario Marcelo Ebrard ha impuesto a la opinión pública un storytelling que sortea la etiqueta de tercer país seguro. Asegura que Turquía lo tiene con la Unión Europea. Falso. Se llama acuerdo de readmisión. ¿Semántica?

La semántica es lo de menos: se reciben inmigrantes a los que Estados Unidos simula tramitar su solicitud de asilo; se les otorga seguridad; se les busca trabajo; se les otorga beneficios sociales. Decisión solidaria y como tal, plausible. Del otro lado de la moneda, es decir, en la frontera sur, se les tipifica como delincuentes, y como tal, la Guardia Nacional los reprime y los rechaza. De esta manera, lo mejor es decir que no se llegó a un acuerdo de tercer país seguro para evitar al Senado y la verguenza.

Lo mismo asegura el cómico Jimmy Morales. No es acuerdo de tercer país seguro, es un acuerdo de cooperación.

En realidad, los de México y Guatemala se llaman acuerdos de sumisión.

Lo rasgos fascistas del presidente Trump seducen a su electorado. Sus electores quieren más actos humillantes. Él, encantado. México y Guatemala, sus aliados.

@faustopretelin

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.