En la primera parte de esta colaboración se indicaron algunas causas por las que importamos la mayor parte de nuestras necesidades de trigo. Ahora se explican algunas posibilidades de aumentar la producción nacional y su valor, con impactos ambiental y social favorables.

Hemos obtenido experiencias y conocimientos sobre mejores técnicas y prácticas para la producción de trigo, aunque falta profundizar más e integrarlos en métodos de cultivos confiables y sencillos.

Las tecnologías de mejoramiento genético, auxiliadas con herramientas genómicas modernas, son un pilar fundamental del mejoramiento agronómico. No solamente se necesitan para aumentar el valor de la producción, sino simplemente para mantenerlo, pues los cultivos enfrentan cada vez más desafíos de enfermedades y variaciones climáticas que amenazan a la cadena de valor.

En cuanto al método de cultivo, tenemos la labranza de conservación, caracterizada por un mínimo de labores de la tierra, aprovechamiento de residuos de cosecha y rotación de cultivos. Esta alternativa permite reducir costos y ayuda a preservar los recursos, como el suelo, el agua e incluso el aire.

La eficiencia de uso de fertilizantes, particularmente nitrógeno, también puede mejorarse de diferentes maneras. Una de ellas utiliza sensores infrarrojos portátiles, que ayudan a reconocer cuánto fertilizante necesita cada parte del terreno, para así aplicarlo de manera diferenciada. Hay otras posibilidades muy promisorias en cuanto al mejor uso de fertilizantes, aunque aún en desarrollo. Por una parte, el uso de hongos y bacterias que interactúan con la planta, facilitando la absorción de agua y minerales. Además, se experimenta en la modificación de solubilidad y volatilidad de los fertilizantes, para que permanezcan donde son necesarios y no se conviertan en contaminantes.

Una oportunidad adicional de mejora, posiblemente la de mayor potencial y en la que tenemos avances notables, es la integración de productores en la cadena de valor, para que ajusten mejor sus procesos a las necesidades de la industria y los consumidores. De esa manera, la cadena productiva obtiene más valor, que puede distribuirse entre sus participantes.

Actualmente, la mayoría de los productores realizan contratos de producción con sus compradores, quienes, mediante ese vínculo, les otorgan también financiamiento, insumos y asistencia técnica. Esa integración se puede ampliar y fortalecer, involucrando a las industrias y con la participación de instituciones de fomento, investigación y financiamiento.

Finalmente, se debe reconocer que hace falta dirigir más recursos para mejorar la competitividad global de la red. Deben revisarse los presupuestos para investigación y desarrollo, así como para infraestructura de la cadena productiva. En la época de la revolución verde, nuestro país aplicó exitosamente políticas y recursos para enfrentar retos de la cadena de valor del trigo. Los desafíos actuales son posiblemente más grandes y complejos, pero tenemos también más instrumentos y recursos para lograr las metas planteadas.

*Luis Fernando Iruegas Evaristo es especialista de la Subdirección Técnica y de Redes de Valor en FIRA. La opinión es responsabilidad del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA.

[email protected]