Año con año, el 8 de marzo, se conmemora a las mujeres a nivel internacional, no sólo para reconocer su gran labor y el camino que han trazado para las generaciones futuras, sino también para recordarle a toda la ciudadanía del trabajo que aún queda por hacer en materia de equidad género. En este mes de profunda reflexión hay que reconocer que aún existen grandes desigualdades entre hombres y mujeres, y que en el mar de retos que aún tiene que atender nuestro país, una prioridad debe ser eliminar cada obstáculo que impida a las mujeres una verdadera participación y acceso igualitario a las oportunidades.

Si de algo estoy convencida es que cuando más mujeres participan en la vida pública y económica de un país se tiende a propulsar su crecimiento. Según McKinsey Global Institute, el aumento de la participación de las mujeres en la fuerza de trabajo produce un desarrollo económico más acelerado, mismo que puede llegar a alcanzar un crecimiento del PIB de 14% en América Latina para el 2025. Adicionalmente, instituciones como la OCDE, el Banco Mundial, la Organización Internacional del Trabajo y el Fondo Monetario Internacional han indicado que el aumento de la participación femenina traería innumerables beneficios, especialmente económicos.

Nuestro país ha avanzado significativamente en materia de género en los últimos años. Según el informe Brechas de Género 2018, del World Economic Forum, México logró posicionarse en el lugar 50 de 149 países del ranking general; escalando ¡31 escaños en comparación con el 2017!, un gran logro sin duda. No obstante, la problemática de desigualdad a nivel nacional ha resultado en un peor posicionamiento del país en lo que corresponde a los subíndices de Participación Económica y Oportunidades en la Fuerza Laboral, pues en estos caemos a los lugares 122 y 124, respectivamente. ¡En estos rubros, México ocupa los peores lugares a nivel internacional!, siendo superado por países menos desarrollados como Honduras, El Salvador, Nigeria e incluso Mozambique.

Es por eso que, en aras de atacar puntualmente esta problemática, y reconociendo que el primer paso para “romper los techos de cristal” es que haya un compromiso real desde la alta dirección de cualquier tipo de organización, he registrado dos iniciativas que han sido muy controversiales y que durante años han enfrentado una fuerte oposición. La primera busca transparentar y alcanzar paulatinamente, en un periodo de cinco años, una representación de 30% de mujeres propietarias en los consejos de administración de las empresas que cotizan en la Bolsa Mexicana de Valores, y la segunda, dirigida en ese mismo sentido, pero correspondiendo a los órganos de gobierno de las entidades paraestatales federales en un periodo de cinco años.

Esta no sólo es una agenda de justicia social, sino de rentabilidad y eficiencia, pues la evidencia empírica muestra que cuando una mujer se encuentra en estos escaños complementa la visión de la organización, trayendo beneficios económicos a ésta; a sus clientes, a los empleados y en general a todos los stakeholders. Es irrefutable que esta visión es urgente para convertir el México que tenemos en el México que nos merecemos las mujeres.

Como legisladora, economista, pero especialmente como mujer y madre, estoy convencida que es el momento de trabajar en favor de una verdadera agenda de transparencia, igualdad e inclusión, principalmente en temas económicos. Mi felicitación y cariño para las mujeres que han cerrado la brecha, y para todas aquellas que aún estamos en la lucha. Es hora de celebrarnos, pero también de aportar a nuestro crecimiento, porque somos fuerza, amor, familia, vida, compromiso, trabajo y profesionalismo. En otras palabras, ¡ser mujer, sencillamente, lo es todo!

¡Hasta nuestro próximo encuentro!

Soraya Pérez

Economista

Entre Números

Expresidenta de la Federación de Colegios de Economistas de la República Mexicana A.C.