De acuerdo con datos del USDA, durante el periodo que fue del 2005 al 2012, el inventario ganadero de bovinos de carne en Estados Unidos disminuyó de manera notable al pasar de 93 a 90 millones de cabezas. Por otro lado, con respecto a nuestro país, para el mismo periodo la población ganadera de carne presentó un ligero crecimiento al pasar de 28.8 millones de cabezas a 29.5 según la Sagarpa.

En otro contexto, los precios internacionales del ganado han alcanzado cifras récord de 73 pesos por kilogramo en ganado flaco y 54 pesos por kilogramo en ganado finalizado. Por su parte, el precio del maíz, principal insumo en la actividad, ha igualado los niveles del 2010, que representan cifras de 3,100 pesos por tonelada. Este cruce de precios pone a la actividad ganadera nacional en una perspectiva económica favorable, tanto en el entorno nacional como en el internacional, contando además con una gran fortaleza gracias a la disponibilidad de infraestructura de engorda, sacrificio y empaque, procesos regulados y certificaciones que le han abierto las puertas del mercado internacional.

En la exportación de ganado en pie, en los últimos cinco años se han enviado 5.6 millones de cabezas a Estados Unidos, de las cuales 807,600 fueron vaquillas, destacando incrementos notables en la proporción que éstas representan con respecto al volumen total. De continuar esta tendencia puede sin duda afectarse la generación de reemplazos del pie de cría nacional, el cual algunos analistas indican que ha pasado de 11 a 7 millones de cabezas entre el 2000 y el 2014, y como consecuencia hubo una disminución en la disponibilidad de becerros para el abastecimiento del mercado nacional.

Todo parece indicar que la repoblación de los corrales de engorda de Estados Unidos continuará y seguirá demandando ganado flaco de México y Canadá por un largo periodo. Además, algunos pronósticos presagian que las economías emergentes demandarán más carne conforme sus nuevas clases medias adopten dietas cada vez más parecidas a las de sus pares en los países ricos. Entonces, ¿de dónde pueden echar mano los ganaderos para llenar los huecos en sus corrales y mantener la oferta nacional sin generar mayor presión al hato productivo?

En el periodo del 2005 al 2012, el hato lechero creció 9 %, al pasar de 2.2 a 2.4 millones de cabezas, las cuales generaron 1.7 millones de crías al año, entre las que 50% son hembras y son seleccionadas para su desarrollo como reemplazo. Por otro lado, los becerros machos, después de su nacimiento, son enviados al sacrificio, terminando así su contribución con la cadena nacional de la carne.

Este escenario abre un abanico de posibilidades para la incorporación de estos becerros a la red de valor de la carne nacional. El tema central es la rentabilidad, por lo que mañana abordaremos algunos aspectos relevantes que aportarán mayores elementos para un mejor análisis de esta práctica.

*La opinión aquí expresada es de los autores y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA.

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