El cierre del año y principios del nuevo brinda la oportunidad a las empresas de analizar los resultados obtenidos. Por lo regular, las empresas evalúan su desempeño en función de las ventas, los costos, los ingresos, las utilidades, etcétera, pero pocas veces se detienen a pensar en su desempeño social y ambiental y en cómo éste afecta sus operaciones.

En el entorno de negocios internacional cobran cada vez mayor importancia los reportes de desempeño de las empresas e industrias con un enfoque de sostenibilidad que brindan los resultados alcanzados por las compañías en aspectos económicos, sociales y ambientales.

Porter y Kramer (2011) exponen la percepción generalizada en nuestros tiempos de que las empresas se encuentran prosperando a expensas de la comunidad y son acusadas, cada vez con mayor frecuencia, de ocasionar problemas sociales, ambientales y económicos. Los autores argumentan que esta visión se debe a que las empresas se encuentran en un modelo de creación de valor que no está acorde a nuestros tiempos y en el que solamente se busca optimizar el desempeño financiero a corto plazo, sin observar el panorama general e ignorando las determinantes del éxito a largo plazo. Su respuesta es adoptar un modelo de negocio que tome en cuenta la forma en que las empresas crean valor para la sociedad como parte de una nueva forma de medir el éxito económico.

Para ejemplificar la visión de las empresas como generadoras de inconformidad social basta recordar el derrame de sulfato de cobre en el arroyo Tinajas en el estado de Sonora, sucedido en agosto del año pasado. Dicho derrame ha ocasionado el repudio social de la comunidad aledaña y ha atraído atención mediática adversa al grupo minero responsable. Además, el grupo ha sufrido serias afectaciones económicas por este incidente al ser multado con 40 millones de pesos y la reparación del daño, un récord histórico para una multa ambiental en México.

Otro ejemplo sobre cómo una empresa que solo se preocupa por las ganancias a corto plazo puede poner en peligro su propio negocio es la extinta industria ballenera de Nueva Inglaterra. Hasta mediados de 1840, la zona empleaba en el negocio ballenero a más de 70,000 personas y la prosperidad que esta industria brindaba ha quedado plasmada en la cultura estadounidense en relatos conocidos por todos como Moby-Dick. Sin embargo, la caza desmedida originada por la falta de preocupación de las empresas balleneras por la población de animales desembocó en su propia extinción.

Cuando uno piensa en el propósito de una empresa, comúnmente viene a la mente la creación de utilidades, dinero. Sin embargo, esta visión resulta restrictiva y fuera de foco ya que la meta es satisfacer una necesidad social y obtener una ganancia con ello, si se es eficiente, en ese orden. Las empresas se encuentran ligadas a la sociedad y al medio ambiente y llama la atención que en los análisis e informes anuales los factores sociales y ambientales sean rara vez reportados.

El día de mañana abordaré las iniciativas a nivel internacional que han propuesto modelos que ayuden a reportar las variables ambientales y sociales en los negocios.

*Erick Rodríguez Maldonado es especialista de la Subdirección de Banca de Inversión y Nuevos Productos de FIRA. La opinión es responsabilidad del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA.

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