El martes fue un día crucial para el futuro inmediato de Grecia, la Unión Europea y los mercados financieros. Los ministros de Finanzas de la Eurozona, después de meses de discusión, finalmente aprobaron el acuerdo de rescate para Grecia.

El programa de rescate incluye un apoyo de 130,000 millones de euros y una participación importante de los acreedores privados de Grecia que aceptaron un intercambio de sus bonos actuales por unos de mayor plazo y menor tasa de interés.

Este intercambio implica una quita de 54% a la deuda griega en manos del sector privado que, a su vez, resulta en una reducción de casi 110,000 millones de euros en la deuda total de Grecia. Esta quita era una condición necesaria mas no suficiente para la viabilidad económica de Grecia.

El plan de ajuste tiene similitudes con el implementado en México en la década de los 80, cuando nuestro país entró en una situación de insolvencia. El FMI y los acreedores de México implementaron un plan para reestructurar el calendario de amortizaciones de la deuda mexicana y medidas para reducir los insostenibles niveles de deuda que ahogaban las finanzas públicas del país. El FMI también impuso un agresivo plan de austeridad enfocado a reducir el déficit fiscal y el nivel de apalancamiento.

El plan tuvo un efecto temporal para evitar el colapso pero sumió a México en una recesión que contribuyó marcadamente a un mayor deterioro de las finanzas públicas. México no logró salir de este círculo vicioso hasta que se tomaron los siguientes pasos críticos: i) una reducción considerable en su endeudamiento mediante una quita parcial por parte de sus acreedores; ii) una depreciación considerable del peso mexicano, y iii) el establecimiento de políticas económicas que permitieron al país retomar la senda de crecimiento.

Dichas políticas económicas incluyeron un esfuerzo masivo de privatización de empresas paraestatales, la apertura de la economía, y una fuerte reducción del gasto público. En el marco de una mayor apertura económica, el ajuste del tipo de cambio jugó un papel fundamental en el crecimiento del sector exportador, que fungió como principal motor de crecimiento de la economía mexicana.

En el caso de Grecia, el default se ha evitado gracias a la obsesión de Alemania y los demás líderes europeos de mantener intacta la unión monetaria europea y al compromiso del gobierno griego de establecer medidas de austeridad draconianas e impulsar reformas estructurales. El principal problema de corto plazo para Grecia se ha resuelto, pero tiene un reto descomunal en frente. Las medidas de austeridad amenazan con prolongar la recesión helena y convertirla en una verdadera depresión, sumiendo a dicho país en un círculo vicioso similar al que enfrentó México antes de afinar su plan de ajuste a mediados de los años 80. El PIB de Grecia se contrajo 6% en el 2011 y todo indica que el 2012 tendrá un resultado similar.

A pesar de la reducción de la deuda de Grecia, los niveles de apalancamiento siguen siendo sumamente altos. El objetivo es que la relación deuda a PIB pasé de 164% actualmente a 120% para el 2020, lo cual sigue siendo descomunalmente alto -similar a Italia en la actualidad.

Las medidas de austeridad, la falta de productividad de la economía griega, la resistencia social a los cambios estructurales y la migración masiva de griegos a otros países podrían sumir a Grecia en una depresión en la que el PIB podría contraerse casi una quinta parte en los próximos años, haciendo imposible alcanzar las metas impuestas por el FMI y los líderes de la Unión Europea. La apuesta de los líderes de la eurozona es que Grecia pueda evitar una depresión y que la relación deuda a PIB mejore, tanto por el incremento de la actividad económica -producto de cambios estructurales enfocados a mejorar la productividad de la economía- como por una reducción en la deuda producto de algunas privatizaciones.

Esto permitiría a Grecia ganar de nuevo la confianza de los inversionistas para emitir deuda en el mercado dentro de unos años. Sin embargo, esta apuesta se antoja muy complicada. En la economía moderna, simplemente no recuerdo ningún precedente exitoso de salida a una crisis de solvencia sin la depreciación de la moneda.

En ausencia de este mecanismo, parecería que Grecia necesitará en el futuro una nueva quita por parte de sus acreedores, un nuevo plan de apoyo por parte de la Unión Europea o un mecanismo de salida ordenado de la eurozona.

La salida de la eurozona también tendría una serie de inconvenientes que serán análisis de otra columna.