En la primera parte, comenté acerca de la incertidumbre que presenta el mercado externo de granos, oleaginosas y leche, en los cuales México es deficitario e importador, situación que está propiciando cada vez más el interés de las industrias que procesan alimentos en fortalecer sus relaciones con la proveeduría local y que, a su vez, es un reto para los productores de pequeña escala

Ante el escenario descrito, las instituciones de la banca de fomento al sector agroalimentario están desarrollando y promoviendo mecanismos para impulsar la sustentabilidad de los esquemas de proveeduría con énfasis en el segmento de los productores de pequeña escala organizados y las industrias líderes interesadas.

Algunos de los elementos que con éxito están impulsando estas entidades de fomento son el fortalecimiento de la competitividad de los productores para obtener y ofrecer la materia prima en condiciones de precio, volumen y calidad que requieren las industrias, con lo cual obtienen precios atractivos, así como incentivos por cumplimiento de los requerimientos que les demandan.

La competitividad está basada en la innovación y eficiencia tecnológica que se emplea por parte de los productores en sus procesos productivos, mismos que adquieren a través de la capacitación y asesoría con apoyos que brindan las entidades de la banca de desarrollo e inclusive hay casos en donde la industria también aporta apoyos para el acompañamiento técnico de sus proveedores.

Las pequeñas empresas productivas deben hacer eficientes e inocuos sus procesos, mediante infraestructura y equipo adecuado, lo cual les permite acceder a costos competitivos y producir con calidad.

Para invertir en alguna infraestructura o equipo de servicio común y conjuntar volúmenes de oferta, los productores se integran en figuras asociativas legalmente constituidas, modelo organizativo o asociativos que igualmente impulsan las entidades de fomento.

Actualmente, las pequeñas empresas están en posibilidades de cubrir el capital de trabajo y las inversiones en equipamiento, mediante el acceso al crédito de los intermediarios financieros que operan con las entidades de la banca de desarrollo, lo que da estabilidad en el ingreso y propician a que los productores y organizaciones sean sujetos de crédito atractivos y confiables.

Es así que la productividad y comercialización en condiciones favorables permite mejorar la rentabilidad y el ingreso familiar, lo cual, con una mayor capacidad de inversión y poder adquisitivo, repercute en las economías regionales con más negocios, más empleos y una mayor incidencia social positiva.

En lo que toca a las industrias participantes en estos esquemas, a través del vínculo formal con proveedores locales, obtienen un abasto uniforme y estable de materia prima, acorde a sus requerimientos, con beneficio adicional de reducir dependencia de mercados externos y riesgos por volatilidad de precios.

Al desarrollar ventajas competitivas en las redes nacionales se sustituyen de manera efectiva las importaciones de materias primas agroalimentarias.

Se demuestra, además, que es posible la alianza efectiva entre los actores públicos y privados para el desarrollo y el mejoramiento en la calidad de vida de la población prioritaria en el medio rural.

*José Acevedo Vargas es especialista en promoción de la Residencia Estatal Jalisco de FIRA. La opinión es del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA.

jacevedo@fira.gob.mx