Durante los últimos años, México ha destacado en el superávit de la balanza comercial agropecuaria; en el 2017, logra 2,888.7 millones de dólares. Este importante dato para la economía de nuestro país en parte obedece a la exportación creciente de frutas y hortalizas de alto valor, como son aguacate, berries y tomate

En términos de productos básicos para la alimentación, el panorama es diferente, pues sigue siendo necesaria la importación de granos, oleaginosas y leche, entre otros productos requeridos por las industrias procesadoras del sector agroalimentario.

Debido a una demanda creciente de productos agropecuarios, las compras externas de estos productos han ido al alza en los últimos cinco años; por ejemplo, el maíz a un ritmo de 7.9% y la leche a 9.9 por ciento.

Es necesario considerar el hecho de que México dependa de las importaciones para abastecer en promedio 30 % de sus requerimientos de maíz; 20% para la leche y hasta 80% en las oleaginosas.

La incertidumbre sobre el comportamiento futuro del mercado internacional, especialmente el norteamericano, que abastece la mayor parte de esas importaciones, está propiciando que varias de las industrias procesadoras y comercializadoras de agroalimentos estén volviendo los ojos hacia la proveeduría nacional; ante lo cual, ésta debe fortalecerse para asegurar el suministro de la materia prima, en las condiciones de volumen y calidad requeridas.

La posibilidad de consolidar o formalizar relaciones de proveeduría entre oferta y demanda locales plantea oportunidades y retos que deben considerarse a fin de que ambas partes tengan la certeza de una relación duradera y con beneficio mutuo.

Para el productor nacional de granos, oleaginosas y leche, la mayoría, de pequeña y mediana escala, se presenta la posibilidad de comercializar sus cosechas con certeza y mayor estabilidad en sus ingresos.

A cambio, están obligados a ser competitivos, pues los productos referidos se alinean a precios internacionales.

Asimismo, ante la exigencia cada vez mayor de los consumidores en obtener alimentos limpios y sanos, repercuten en las industrias alimenticias, así como en sus proveedores de materia prima.

El interés de industrias y comercializadores se basa en la posibilidad de abasto uniforme y estable de la materia prima, al tener una relación y vínculo con proveedores locales, evitando de alguna manera el riesgo de las indefiniciones y de la volatilidad de mercados externos.

Otra ventaja de la proveeduría nacional es la mayor trazabilidad de los productos, elemento que cobra importancia, ante demandas de información del consumidor final, sobre origen y cualidades de los productos.

Por supuesto que lograr la productividad, competitividad y calidad en los proveedores nacionales, en especial los de pequeña escala, no ha sido sencillo.

Tampoco la formalidad y confiabilidad con que están relacionándose con las industrias; no obstante, son cada vez más los ejemplos exitosos de estas relaciones de proveeduría sustentable.

En la siguiente entrega comentaré estrategias y acciones para alcanzar los propósitos mencionados.

*José Acevedo Vargas es Especialista en promoción de la Residencia Estatal Jalisco de FIRA. La opinión es del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA.

jacevedo@fira.gob.mx