El gran dinamismo económico y financiero de nuestros días, aunado al crecimiento poblacional y en consecuencia a la demanda de alimentos, son factores que por su naturaleza generan diversas oportunidades para productores y empresas del sector agroalimentario

De acuerdo con información del Inegi, durante el 2015 el saldo de la balanza del sector reportó su primer balance positivo desde 1997 y la participación de México en las exportaciones agropecuarias mundiales pasó de 1.3% a 1.8% entre 1993 y el 2014, lo cual determina la necesidad de contar con mayores recursos presupuestales para realizar nuevos proyectos de inversión y aprovechar eficientemente esas oportunidades de mercado que representan la nueva dinámica de los agronegocios.

En esta nota de análisis me enfocaré en la demanda de crédito que generan los nuevos proyectos de inversión, cuya atención requiere del desarrollo de productos y esquemas de financiamiento innovadores, con el propósito de incentivar la participación de empresas, instituciones e intermediarios financieros, entre otros.

Tales esquemas de financiamiento requieren también adecuados instrumentos de garantía, así como mecanismos que mitiguen el riesgo inherente a los nuevos proyectos y que se detone la inversión requerida por el sector agroalimentario.

Ante la dinámica mencionada, la Secretaría de Hacienda a través de la banca de desarrollo desempeña un papel fundamental en el diseño de dichos mecanismos y esquemas de financiamiento, así como también en la coordinación de esfuerzos y programas entre dependencias, entidades, bancos, empresas, etcétera. Citaré como ejemplo la coordinación que el conjunto de fideicomisos establecidos en el Banco de México, FIRA, tiene con la Sagarpa, cuya estrategia está orientada a impulsar el crédito de la población de menores recursos y regiones con limitada penetración crediticia.

Un ejemplo de lo anterior es el Fondo Nacional de Garantías de los Sectores Agropecuario, Forestal, Pesquero y Rural, Fonaga, cuyo propósito es incrementar el otorgamiento de crédito formal a los productores de ingresos medios y bajos de los sectores agropecuario, forestal, pesquero y demás actividades que se desarrollen en localidades de hasta 50,000 habitantes, a través del otorgamiento de garantías crediticias.

En otras palabras, es una garantía complementaria para facilitar el acceso al crédito formal de dichos productores ante bancos y otros intermediarios financieros.

En ese sentido, FIRA promueve el financiamiento integral en el sector agropecuario y rural, con énfasis en productores de bajos ingresos, buscando que cada segmento de mercado sea provisto con productos financieros que se ajusten a sus necesidades y éstos se distribuyan a través de los canales adecuados.

Tal es el caso del Programa Especial de Microcrédito Productivo, cuyo propósito es incrementar la cobertura del financiamiento en los mercados rurales para actividades económicas o proyectos productivos (toda actividad comercial, industrial, agrícola, ganadera, pesquera, silvícola o de servicios) en poblaciones de hasta 50,000 habitantes, a través del cual se ha logrado brindar acceso al crédito principalmente a mujeres en apoyo de las pequeñas unidades económicas.

En la segunda parte de esta nota hablaré de las unidades económicas de tipo familiar, así como de algunos productos financieros exitosos con grandes expectativas, al igual que el Fonaga, en beneficio del sector agroalimentario.

*Raúl Torres López es subdirector de Desarrollo de Productos y Servicios en FIRA.

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