En 1995, durante la Crisis del Tequila, la economía mexicana se contrajo en 6.3 por ciento. Al final del año, la cuenta de empleos formales registró una pérdida neta de 814,000, la caída más pronunciada de las últimas tres décadas. El impacto social fue devastador. Según el CONEVAL, el porcentaje de la población en pobreza patrimonial pasó del 53 al 70 por ciento.

La Crisis del Tequila tuvo consecuencias políticas que se hicieron sentir en las elecciones de 1997 en las que se renovó la Cámara de Diputados. A pesar de que se celebraron dos años y medio después del “error de diciembre” de 1994, el electorado le pasó la factura al PRI. Su apoyo electoral cayó 15 puntos porcentuales y perdió por primera vez la mayoría en la Cámara de Diputados.

Aún desconocemos la magnitud de la crisis del Covid-19. La segunda ola de contagios ha vuelto a detener la actividad económica, que había registrado cierto repunte. Sin embargo, algunos datos ciertos apuntan a una contracción tan aguda o más que la causada por la Crisis del Tequila en 1995.

Datos del INEGI revelan que durante los primeros nueve meses de 2020, el PIB acumuló una caída de 9.8% en comparación con el mismo periodo de 2019. El IMSS ha dado a conocer que la pérdida neta de empleos formales en 2020 ascendió a 647,000 plazas, una cifra menor a 1995 pero la tendencia negativa continúa. De acuerdo con información del CONEVAL, durante los primeros nueve meses de este año, la población en pobreza laboral ha pasado del 35.7 al 44.5 por ciento.

La crisis del Covid-19 tendrá seguramente consecuencias políticas. La evidencia empírica de países democráticos —aquellos en los que la competencia por la conducción política se dirime mediante elecciones debidamente organizadas— muestra que el desempleo y la tasa de crecimiento económico afectan el comportamiento agregado de los votantes. El electorado suele responsabilizar al gobierno del desempeño de la economía y castigar al partido en el poder cuando el desempleo aumenta y la economía se contrae.

La evidencia sugiere que el cobro de factura al partido en el gobierno no es automático. El impacto del “voto económico” en las elecciones varía de acuerdo con la claridad con la que el votante responsabiliza al gobierno por el mal desempeño de la economía. Cuando la responsabilidad de diluye entre varios actores (partidos políticos, ámbitos de gobierno o actores económicos), el efecto del voto económico suele ser menor.

Las encuestas, como la recientemente publicada por Mitofsky en El Economista, muestran que la crisis del Covid-19 no ha tenido un impacto sobre la intención del voto. Las preferencias electorales a favor de Morena se mantienen en niveles incluso superiores a su votación del 2018; cuando obtuvo 37.6% y en diciembre de 2020 contaba con 41.1% de la intención del sufragio.

Hay total claridad sobre quién es el responsable del manejo de la economía en la actual crisis. El presidente López Obrador abiertamente ha rechazado la adopción de medidas fiscales anticíclicas o programas de apoyo a las empresas condicionados al mantenimiento del empleo, como han hecho otros países.

La explicación de la resiliencia de Morena tiene que ver, más bien, con las expectativas de los electores. Parecen tener confianza en una recuperación rápida de la economía, una vez superada la pandemia. El optimismo del votante, sin embargo, tiene un límite. No queda claro que dure hasta el día de la elección si el deterioro de la economía continúa.

Twitter: @BenitoNacif

Benito Nacif

Profesor

Voto particular

El Dr. Benito Nacif es profesor de la División de Estudios Políticos del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE). Fue Consejero Electoral del Instituto Nacional Electoral (INE) del 2014 al 2020 y del Instituto Federal Electoral (IFE) del 2008 al 2014.

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