Esta semana el reportero Rubén Torres publicó una nota titulada: Policías federales al vapor: listos en 40 días (en la edición del martes 22 de junio), la cual me dejó helada.

En el texto se lee lo siguiente: De acuerdo con el Programa del Servicio Civil de Carrera, todos los elementos deben tomar un curso en la Academia Nacional, [curso] que era de dos años hasta antes del 2006. Luego se redujo a tres meses y la última generación lo hizo en 40 días . Ése es el testimonio de varios policías federales que –sobra decirlo– no dieron sus nombres por temor a sufrir represalias por parte de sus mandos.

Lo importante, en todo caso, es cobrar conciencia acerca de una de las consecuencias más claras de la fallida guerra del presidente Felipe Calderón contra el crimen organizado: hacen falta policías para velar por la fragilísima seguridad en las calles del país.

De hecho, el propio reportero documenta en su texto que, a pesar de los esfuerzos que ha realizado el gobierno federal para atraer a más jóvenes a las filas de su corporación policiaca –esfuerzos que costarán este 2010, algo así como, 65 millones de pesos en materia de difusión – México tiene un déficit de 8,500 elementos.

Y por si a alguien le cabe todavía alguna duda de cuáles son las prioridades de la administración calderonista, basta con saber que los recursos que el gobierno federal usará este año para difundir las labores de la Policía Federal son mucho mayores a los que se tienen disponibles para atender rubros como productos alimentarios para el personal derivado de las actividades extraordinarias , que es de casi 5 millones de pesos. Las actividades extraordinarias a las que se refiere el punto anterior tienen que ver con comisiones u operativos.

De hecho, de acuerdo con el testimonio recabado por el reportero, en algunas ocasiones, los policías son enviados a realizar sus distintos operativos sin recibir viáticos de manera anticipada o bien, con viáticos que no entregan al momento, pero que hacen firmar como recibidos... Algunos vamos con lo que tenemos y se nos pide después la comprobación de gastos, aunque no nos hayan dado nada , relató una de las fuentes.

Dos últimas quejas manifestaron los uniformados. Una, que apenas han salido de la Academia y ya los envían a estados que no conocemos, a hacer labores de inteligencia . La segunda protesta es que para justificar sus gastos deben entregar en hoteles y restaurantes el RFC de la Secretaría de Seguridad Pública, con el fin de obtener una factura, lo que les impide mantener el anonimato que requieren algunas labores en su desempeño.

Tenemos entonces policías exprés, capacitados en 40 días, que son enviados con poca información y frecuentemente obligados a revelar su identidad a través de políticas burocráticas absurdas.

¿Nos sorprende el déficit que el gobierno calderonista no puede remontar para reclutar a nuevos policías federales? ¿Alguien duda de lo peligroso que su poca capacitación es para ellos mismos y, por supuesto, para la ciudadanía a la que dicen proteger? ¿Cómo le hizo el gobierno federal para reducir de dos años a 40 días el entrenamiento? ¿Qué dejaron fuera y por qué? ¿A dónde se van los recursos que año con año se van a formación de nuevos policías? ¿Por qué nadie ha dicho nada?

Preguntas, muchas, a las que todavía no encontramos respuesta. Mientras las buscamos, Torres recoge con una claridad aterradora la visión que los propios policías tienen de sus colegas: los nuevos son federales marca ACME .

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