Pues por fin se presentó el Plan de Negocios de Pemex, de alrededor de 255 páginas, y por lo que dicen los expertos, decepcionante. Hacienda le va a hacer una “condonación de impuestos” de aquí al 2021 para que pueda invertir en exploración y explotación, además del proyecto caprichoso de AMLO, para darle mágicamente la vuelta al balance y empezar a revertir la producción y llegar a producir hacia el final del sexenio 2.6 millones de barriles de aceite. ¡Genial! Ni un brujo hubiera logrado tal “transformación” en apenas tres años de sexenio. Sabemos que las calificadoras han recibido con cierto recelo al proyecto, pero retrasarán la posible calificación del grado de inversión hasta finales del año, cuando puede haber la estampida de que esa pérdida arrastre a la de México, los intereses y el peso se vaya por los aires, y ahora sí, qué transformación, más millones en la pobreza (si le dejan todavía medir al Coneval), menos inversión (tampoco en capitales golondrinos a menos que el Banco de México suba las tasas por los aires, lo que generaría o aumentaría el efecto recesivo de la economía).

Este panorama, discutido con algunos expertos en inversiones, me han comentado: está lejos de las novelas y las diatribas de Francisco Martín Moreno contra AMLO, y es un escenario que perfectamente se podría cristalizar.

Ahora bien, a Pemex le va a ir bien, como me comenta un familiar experto en la industria petrolera, que me comentó que el gobierno federal (no de México) le inyectará los millones de dólares que sean necesarios para resucitar a la ahora quasiparaestatal, pero no a la que todos esperamos, sino a la de los años 70. Y ello es entendible si analizamos las diferentes bibliografías —autorizadas o no— de López Obrador, que le dejaron dos vivencias marcadas con fuego durante su vida familiar en Tabasco: gracias al petróleo, su natal Tabasco, de ser un estado sumido en la pobreza, pudo darle la vuelta y entrar al camino del desarrollo (carreteras, infraestructura, hospitales), generó muchas inversiones en la zona y el estado cambió. Además, todo esto se logró al amparo del Estado, sin necesidad de contar con la colaboración privada. Esto creo que es lo que explica la obsesión de AMLO de que la participación de la Iniciativa Privada en la industria petrolera sea marginal, aún y con el riesgo de perder el grado de inversión.

También es verdad que para ese entonces AMLO se fue a estudiar Ciencias Políticas en la Ciudad de México (principios de los 70), con lo que quedó atrapado en la fascinación de la capital y de la primera casa de estudios del país, la UNAM, pero no le tocó ver el declive de su estado, precisamente por la disminución del precio del petróleo en los mercados internacionales. Adicionalmente, AMLO viene de una familia de pequeños empresarios, acostumbrados a sacar fuerzas de flaqueza y reinventarse para sobrevivir. Éste es el tipo de empresas que AMLO conoce y las que quiere impulsar —lo que no está mal, pero debe ser complementada por fuertes inversiones en investigación y desarrollo—.

El austericidio de AMLO no es más que guardar el cochinito para sus proyectos faraónicos, la refinería de Dos Bocas y el resurgimiento de Pemex. Pero ahora la realidad ha cambiado: gracias a Dios, tenemos una economía diversificada en diferentes sectores, contamos fuertes empresas exportadoras y nuestra economía no se encuentra petrolizada. El mismo sector petrolero ha cambiado su modelo de negocios: transición a energías renovables, participación de privados, visión de largo plazo, énfasis en la exploración y explotación de pozos, el fracking. No hay por qué apostar todo el dinero al petróleo. La clave del sexenio y de la 4T estará en un cambio de rumbo hacia otros horizontes; de no hacerlo, la economía seguirá su desaceleración y los recortes del próximo año quizá alcancen el cambio de sábanas en Palacio Nacional. No se pueden recortar los huesos de un cadáver. Lo bueno es que hay otros caminos: el mismo AMLO puede conocerlos —si no los conoce ya— y ésos quizá sí darían el ritmo de crecimiento de 4 a 6% al final del sexenio, que ilusoriamente se fijaron en las páginas sin contenido del Plan Nacional de Desarrollo.

*Máster y Doctor en Derecho de la competencia, profesor investigador de la UAEM y socio del área de competencia, protección de datos y consumidores del despacho Jalife& Caballero.