En más de una ocasión le he comentado al lector que esta columna se elabora a partir de la información de la que dispone el ciudadano común. Que este columnista no posee fuentes exclusivas ni tiene acceso a filtraciones, confidencias o revelaciones de primera mano. No tiene cuates en las direcciones de Comunicación Social de ninguna dependencia gubernamental. Lo más que llego es a intuir -con el margen de error que esto implica- una conclusión personal sobre algún acontecimiento.

Aclaro lo anterior para remarcar que la información sobre mi comentario del caso Paulette, del que hago referencia en el sumario de esta colaboración, la saqué de lo difundido por los periódicos en la fecha en que se produjo la noticia. Todavía hace un rato, para cerciorarme si realmente no fui víctima de alguna alucinación al momento de hacer mi comentario, consulté en Internet los diarios del día siguiente que apareció el cadáver de Paulette: Como el buen juez que por su casa empieza, lo primero que hice fue consultar El Economista, donde encontré un artículo con el siguiente encabezado: Claves:

El caso Paulette , en cuyo último párrafo se lee: Tras la reconstrucción de los hechos en la madrugada del 31 de marzo, la PGJEM confirmó el hallazgo del cuerpo de Paulette en el interior del departamento donde vivía con su familia, el cual estaba oculto dentro de una bolsa de plástico negra . En busca de una segunda opinión encontré una nota, publicada por El Universal, firmada por Rebeca Jiménez Jacinto, en la que se lee: Peritos en materia forense determinarán las causas y forma en que murió la niña, cuyo cadáver se encontró dentro de una bolsa negra al interior del departamento donde vivía .

Elegí estos dos botones de muestra para confirmar que escribí mi colaboración en mis cabales, que ninguna sustancia ajena a mi organismo me hizo percibir de manera equivocada lo que en su momento leí: el cadáver de la pequeña apareció en una bolsa negra.

El Procurador al que le sobran zetas

La historia sobre el caso Paulette Gebara Farah es extraña y de sobra conocida. Durante la investigación la habitación donde apareció la niña muerta, en lugar de ser considerado la escena del crimen, fue convertido en salón de usos múltiples: ahí durmieron Arlette Farah, tía de Paulette, y su marido; Amanda de la Rosa, amiga de Lisette, mamá de la menor, quien ahí mismo, sentada en la cama de su hija, fue entrevistada para la televisión.

También el dormitorio fue visitado por el procurador Alberto Bazbaz -del que la voz popular dice que le sobran las zetas a su apellido- y por peritos investigadores sin que detectaran nada extraño. Lo mismo sucedió cuando las empleadas domésticas Erika y Martha Casimiro hicieron la cama, varias veces, tanto en la reconstrucción de los hechos, como después de haber dormido en ella las visitas. Una jauría de perros entrenados fue introducida al dormitorio. Los canes, intuyo, comenzaron a ladrar pero fueron callados de inmediato por el floor manager de la televisión, quien una vez que éstos salieron del lugar dijo: Entrevista con la mamá de Paulette, toma dos.

¡Silencio! Corre videotape .

Las hermanas Casimiro, así como Mauricio Gebara y Lisette Farah fueron arraigados en Toluca con el argumento de que existían contradicciones, inconsistencias y falsedad en sus declaraciones. Esa misma madrugada, en la quinta visita de los agentes ministeriales al domicilio del matrimonio Gebara Farah, apareció el cadáver de Paulette de la manera ya descrita. Los expertos forenses declararon que la muerte de la pequeña pudo ocurrir entre cinco y nueve días previos al hallazgo, dejando un margen de tiempo tan indefinido que si llegaran a laborar en cualquiera de las series de CSI que hay en la tele, les rescindirían su contrato antes del primer corte a comerciales.

No entraremos aquí en detalles de la forma en que la señora Lisette fue convertida, por el procurador Bazbaz, de víctima y testigo, en indiciada. De todo lo que se dijo de ella: en opinión de una psicóloga, que gozó de sus 15 minutos de fama televisiva, la señora sufría trastornos de personalidad o que si tenía un amante podría ser su cómplice. Tampoco redundaremos en los dimes y diretes en los que el matrimonio Gebara Farah cayó al incriminarse mutuamente.

Cuando la errática línea de investigación seguida por el Procurador mexiquense quedó en entredicho, éste, por órdenes de su jefe, el gobernador Enrique Peña Nieto, temeroso de que el caso pudiera despeinarle el copete de cara al 2012, guardó silencio, pero antes aseguró que el crimen sería resuelto con ayuda científica. Pidió apoyo a las procuradurías General de la República, del Distrito Federal y de Nuevo León, y hasta el Buró Federal de Investigaciones de Estados Unidos (FBI).

Pero por muy científico que sea el trabajo de las procuradurías a las que se les pidió ayuda y, sobre todo, el del FBI, ¿qué se puede descubrir de una escena del crimen contaminada? Por lo pronto, al primer sospechoso, –dado que sus huellas aparecieron por todos lados- que los agentes ministeriales mexiquenses tuvieron que disculpar ante sus colegas que vinieron en su auxilio tanto de México como del extranjero, fue el floor manager, quien calló a los perros para repetir la grabación de la entrevista.

En honor a la verdad debido al manoseo y a la garrafal investigación ministerial de los subalternos de Alberto Bazbaz y de éste, no creo que ningún experto, de ninguna nacionalidad, haya podido dilucidar, lo que realmente sucedió con Paulette. No obstante esto y sin mostrar ninguna prueba pericial que apoyara su veredicto, el pasado viernes, el Procurador mexiquense anunció –después de todo el ruido que él y su mal proceder le metió al caso- que la muerte de la niña fue accidental y que, por lo tanto, el caso quedaba cerrado sin nadie a quien perseguir.

Sin embargo, a este redactor le queda una duda. Yo sé que no soy más que un simple ciudadano que tiene el privilegio de opinar en un prestigiado medio impreso, pero me gustaría saber ¿por qué nunca más se volvió a hablar de la bolsa negra en la que se dijo fueron encontrados los restos mortales de Paulette? Tal vez estemos ante un caso que resuelva el problema cada día más peligroso de la contaminación del medio ambiente: la existencia de bolsas de hule biodegradables que con el transcurrir de los días se van desvaneciendo hasta desaparecer.

Daños colaterales

Existen tres seguras víctimas colaterales del caso Paulette y una probable. La primera es el propio Alberto Bazbaz, que como bien dijo nuestro compañero de páginas Alberto Aguirre el pasado viernes: Enfrenta la disyuntiva de renunciar –con lo que inflingiría un daño irreversible a la imagen del gobernador Peña Nieto- o afrontar la oleada de críticas y desprecios que él mismo generó. Si no se va, vivirá el peor de los infiernos y podría ser sometido a un juicio político . La víctima probable como se infiere de lo dicho por Aguirre es el gobernador Peña Nieto con o sin renuncia de Bazbaz a saber cómo le afecte el caso a su imagen y popularidad.

Las otras dos víctimas seguras del caso son Erika y Martha Casimiro, las nanas de Paulette, a quienes, en lo sucesivo, no habrá quién las contrate, ya que, si como dice el Procurador la pequeña murió asfixiada entre las sábanas, se deduce que las hermanas Casimiro ni siquiera en la reconstrucción de los hechos son capaces de hacer una cama como Dios manda.

¿Usted a quién le cree?