La diferenciación de productos es una herramienta con potencial para el desarrollo rural sustentable al incentivar el buen manejo de los recursos. El número de consumidores que quieren ser parte de la solución, y no del problema ambiental, está en aumento

Los mercados de productos pesqueros demandan de manera creciente garantías de que los productos que se consumen no contribuyan a generar problemas sociales o medioambientales por la sobrepesca.

En respuesta, se han generado certificaciones orientadas a la pesca responsable. Por ejemplo, la certificación Atún Dolphin Safe Apicd garantiza que no existieron delfines muertos o gravemente heridos en la captura del atún. Otro ejemplo es la pesquería artesanal de la langosta roja en Baja California, certificada bajo el estándar para la sostenibilidad y pesquerías bien manejadas del Consejo de Manejo Marino, dirigida por más de 500 pescadores.

Otra certificación importante es la de productos orgánicos. México destaca en la superficie plantada de frutales como aguacate, mango, piña y papaya bajo el esquema de producción orgánica; en el 2013, la superficie plantada de aguacate representó 92.2% a nivel mundial, el mango contribuyó con 53.5%, la piña con 78.3%, y la papaya con 32% con base en el Instituto de Investigación para la Agricultura Orgánica.

El gobierno mexicano se ha sumado al esfuerzo de los productores e inversionistas incrementando los servicios y organismos de certificación, además de abrir nuevos programas de apoyo para estos temas.

La comercialización de hojuelas de papa nativa con pulpa de colores de la región andina en el mercado europeo es un ejemplo exitoso de comercio justo. En el 2010, debido a su éxito de ventas en Francia y Bélgica, los productores de Pazos, Huancavelica, Perú, recibieron el galardón Arqueros de Oro.

En Michoacán, los ganadores del concurso estatal de la Red Nacional de Desarrollo Rural Sustentable 2015 fueron proyectos enfocados al manejo integral de los recursos, y el cuidado del medio ambiente dos proyectos acuícolas, y uno de nopal .

El proyecto de aprovechamiento del pez diablo en la presa Infiernillo obtuvo especial reconocimiento al ayudar al control de esta especie invasora, al transformarlo en jamones y galletas de alta calidad nutritiva, generando ingresos y empleo en la región, y al contribuir a la pesquería sustentable de tilapia, en la que participan más de 4,000 familias, de acuerdo a la Subdelegación de Pesca de la Sagarpa Michoacán.

Esta nota se dirige a los jóvenes emprendedores del campo que están participando en estos esquemas de producción sustentable a través de sus negocios responsables, y que están llevando a México a un alto nivel de excelencia sin comprometer los recursos para las generaciones futuras.

*Claudia Graciela Cervantes Rodríguez es especialista de la Subdirección de Evaluación de Programas de FIRA. La opinión es del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA.

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