La peor prisión es un corazón cerrado.

Juan Pablo II

La Semana Santa del 2020, celebrada del 6 al 12 de abril, tuvo la peculiaridad de transitar en los inicios de la pandemia del coronavirus, no sabíamos cuánto duraría. Desde entonces la hemos pasado mal y de malas, han sido tiempos muy difíciles. Según cifras oficiales han fallecido más de 320 mil personas en México, millones perdieron sus trabajos, las escuelas y universidades cerraron, tribunales y juzgados han cerrado varias veces. Prácticamente todas las ventanillas del gobierno federal están cerradas. La gestión de la pandemia, responsabilidad de las autoridades sanitarias, ha sido errática y sus resultados nos colocan en una grave situación, de lo peor a nivel mundial.

Siguen estando a prueba nuestras ideas sobre normalidad, vida pública e interacción social. 

Sin embargo, es de reconocer la eficiente gestión del Canciller que se ha traducido en la existencia de cada vez más vacunas contra el Covid 19, así como la organización traducida en jornadas de vacunación eficientes y ordenadas del Gobierno de la Ciudad de México en las que se ha podido percibir un ambiente de cordialidad y armonía que debiéramos replicar en todos los ámbitos de la vida nacional y en todo el país.

Lástima que ese modelo de vacunación es excepcional. Cientos de miles de personas de la tercera edad han sido maltratadas o ignoradas por el desorden, la desorganización y el descuido en municipios de Puebla, Tabasco, Oaxaca, Morelos, por citar algunos estados. Se han propiciado jaloneos, reclamos y conflictos inútiles y desgastantes. También, lamentablemente se utiliza el programa de vacunación con fines electorales.

Recordemos que la Semana Santa coincide con la celebración de la Pascua en diversos cultos que presentan numerosas muestras de religiosidad popular a lo largo de todo el mundo, que recuerdan valores como el de la paz y la bondad, tan necesarios en esta terrible crisis de salud, económica, de seguridad pública y de confrontación. 

La paz es un estado a nivel social o personal que implica concordia, armonía y acuerdo. Escuchar al otro y viceversa con atención y respeto significa el propósito de comunicarse y de expresarse para que, de esa forma, se pacifique al ser consciente. Ello es posible con la mediación.

Lamentablemente somos testigos de constantes controversias y conflictos propiciados desde Palacio Nacional que lastiman, a partir de la descalificación, la difamación y la confusión, a las instituciones que equilibran el poder o propician el desarrollo armónico y sustentable, como si el perverso objetivo fuese que todos estemos peor con tal de que quienes tienen pierdan, aunque nadie gane nada. 

Tristemente la cúpula del partido gobernante, que ha fallado a sus militantes y candidatos en el cumplimiento de las reglas electorales que no atendió, pretende trasladar su responsabilidad al INE proponiendo su exterminación.  

La bondad, cualidad de la persona que es capaz de ser generoso con sus semejantes y con todo lo que le rodea, suele estar acompañada de otros valores como la prudencia, la generosidad, la humildad, la compasión, la paciencia, la armonía y la solidaridad.

Hemos sostenido que vivimos en un mundo en el que la concordia, cualidad positiva cercana a la bondad, es un distintivo que se debilita peligrosamente. 

Es nuestra obligación evitar los factores que hacen de la discordia el motor preponderante de la interacción social para lograr que sea la concordia lo que impere en el tejido social.  

En nuestro país el Presidente López Obrador es quien tiene el poder e influencia para retomar la conducción del Estado Mexicano en apego al Derecho, que es lo mejor que nos hemos dado para lograr una convivencia armónica y evitar el abuso en el ejercicio del poder. Es hora de que reflexione y abra su corazón.

Por eso insistimos en la conveniencia de que se detengan las acciones y declaraciones destructivas que nos acercan a un descarrilamiento de la paz social. 

Es indispensable que se recuerde que el Estado tiene la obligación de actuar en apego al derecho en un marco de prudencia económica. La aprobación mecánica de iniciativas presidenciales por la mayoría en el Legislativo, sometido por la fe ciega, revela una grave ausencia de filtros jurídicos y de análisis económicos para darles sustento.

Es fundamental recordar que el Presidente ejerce facultades y atribuciones delimitadas por el Derecho, no ejerce derechos particulares, está obligado a respetar su deber.

Es preocupante el propósito de cancelar la generación de energías limpias y la suspensión de permisos a particulares en materia de hidrocarburos, que incluiría la expropiación de activos; también las amenazas a empresas que, además de generar sus energías limpias para autoconsumo, son empleadores de cientos de miles de personas. ¿Es acaso un pecado el éxito de las empresas en nuestro país? 

Es inexplicable el desaliento a la inversión, la violación a tratados internacionales y el ambiente de falta de certeza y seguridad jurídica que se construye. Parece no dimensionarse lo catastrófico que sería el cierre de fuentes de empleo para convertir a los trabajadores en dependientes del gobierno con un ingreso miserable, derivado de dádivas. 

Más que regalar recursos fiscales, se debe impulsar la capacitación para el trabajo y la vida, pensar en el futuro y no sólo en las elecciones de este año. Adoptemos una estrategia económica en favor de los más vulnerables para que puedan disfrutar de la dignidad a través del trabajo, no de la limosna que envilece y degrada como un supuesto acto de bondad.

La bondad permite recuperar la paz robada y superar los sentimientos negativos que provocan malestar y sufrimiento, es un asunto de honestidad, su ejercicio no debe ser selectivo ni producto del cálculo y la manipulación electoral.

Esta grave crisis que a todos afecta exige que utilicemos el poder de la bondad. 

*El autor es abogado y mediador profesional.

phmergoldd@anmediacion.com.mx

Twitter: @Phmergoldd

Pascual Hernández Mergoldd

Abogado y mediador profesional

Columna invitada

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