Ante la desesperanza del pueblo mexicano, nuestra crisis política parece haber tocado fondo. La reciente elección presidencial es muestra de ello; se trató de la más aburrida y poco competitiva de los últimos 24 años. Veamos:

En 1994, hubo grandes contendientes por la presidencia de la República, como Diego Fernández de Cevallos, del PAN; Cuauhtémoc Cárdenas, que contendió por segunda ocasión y fue postulado por el PRD; Ernesto Zedillo fue el abanderado del PRI. Aquella fue una jornada subyugada por el miedo. Al inicio de ese año se había levantado en armas el Ejército Zapatista de Liberación Nacional y también ocurrió el magnicidio del entonces candidato Luis Donaldo Colosio.

En el año 2000, el avasallante triunfo de la democracia y de Vicente Fox regaló al país una efímera ilusión.

En el 2006, por primera vez llega a una candidatura presidencial Andrés Manuel López Obrador, abanderado del PRD. Acción Nacional nominó a Felipe Calderón Hinojosa y el PRI, a Roberto Madrazo. Con un margen cuestionable y con la ayuda de la maestra Elba Esther Gordillo, el PAN se levantó con el triunfo, dando paso a un sexenio marcado por una violencia incontenible que no se ha podido frenar.

En el 2012, el gran desencanto con los gobiernos panistas hizo que el pueblo regresara la mirada al PRI. Su candidato, Enrique Peña Nieto, venció a Josefina Vázquez Mota y a López Obrador, que contendió por segunda vez.

Como recordamos, los primeros dos años del gobierno peñista fueron apoteóticos. El presidente de la República retomó la agenda prioritaria que había sido desdeñada desde 1994, con la que generó enormes expectativas a través de las reformas estructurales. Desafortunadamente, hubo acontecimientos que incentivaron el resentimiento social y la desconfianza. Sentimientos que se alojaron en el corazón de la sociedad.

En ese escenario llegó la elección del 2018, en la que los candidatos mostraron la carencia de cuadros de sus partidos. Por ejemplo, Ricardo Anaya, abanderado del PAN, del PRD y de MC. Joven inexperto, cuestionado por hechos de corrupción; José Antonio Meade, supuesto candidato ciudadano del PRI, que jamás pudo amalgamar la simpatía ciudadana; Margarita Zavala y Jaime Rodríguez Calderón, que contendieron como independientes y, por tercera vez, Andrés Manuel López Obrador, que, ante la apatía e incredulidad de muchos, semana a semana fue catapultado en todas las encuestas por sus numerosos seguidores, que no descansaron hasta llevarlo a su contundente victoria.

De la mano del triunfo, el presidente electo asumió una misión trascendental, sentar las bases para la restauración de la esperanza. Los mexicanos necesitamos reconstruir la confianza en los políticos y el gobierno, ya que, sólo así, podremos situarnos en el camino a una nueva etapa de desarrollo. Sin embargo, ante los hechos recientes, esto se aprecia una tarea difícil.

El próximo mandatario, quien dice impulsar la democracia participativa, no ha dejado de polarizar a la sociedad. En estos momentos enfrenta fuertes cuestionamientos por la consulta extralegal del NAIM, que, en lugar de animar a los ciudadanos a participar, generó desinterés, desconfianza e incertidumbre, por dar la impresión de que fue un ejercicio impulsado por un partido político y que careció de reglas.

El peor de los sistemas es aquel en el que el pueblo es manipulado y decide sin información.

Hoy en redes sociales, aprendí un interesante concepto que fue acuñado allá por el año 200 a. C., por el historiador griego Polibio: oclocracia. Se trata de la degeneración de la democracia y aplica cuando las decisiones públicas no las toma el pueblo, sino la muchedumbre. ¿Les suena familiar?

Ernesto Millán

Columnista

Molinos de Viento

Licenciado en Derecho por la Universidad Autónoma del Estado de México. Maestro en Dirección y Gestión Pública Local por la Unión Iberoamericana de Municipalistas. Ha ocupado diferentes cargos en gobierno federal, estatal y municipal por más de 20 años. Es Secretario Técnico del Consejo Consultivo de la Federación Nacional de Municipios de México (Fenamm) y Consejero Jurídico de la Comisión Unidos Contra la Trata A.C.