Mientras nuestros legisladores hibernan por cerca de 4 meses sin haber logrado ninguna reforma, he aquí algunas lecciones sobre una de las transformaciones más impactantes de la economía moderna, la de Nueva Zelanda.

Nueva Zelanda es el único país del mundo que ha logrado transformar radicalmente su economía de un día para el otro, sin que se diera un cambio en su régimen político, un levantamiento social, o un dictador o partido único ordenara el cambio.

Aunque la mayoría sólo recordamos a Nueva Zelanda por su deliciosa mantequilla y por ser uno de los países más verdes y con mayor turismo de aventura del mundo, Nueva Zelanda es el campeón en la transformación económica moderna. El país pasó de ser una economía tipo exsoviética (70% de su economía en manos del Estado) al capitalismo social más moderno y verde del mundo, en menos de cinco años. ¿Cómo le hicieron? Aunque hay muchos factores que influyeron las reformas, en este primer artículo mencionaré brevemente los tres pilares de la transformación neozelandesa.

1. Un cambio legítimo. Cuando el país estaba al borde de la quiebra, un nuevo Primer Ministro propuso una economía de mercado abierta, en competencia con el mundo. Esto a pesar de que Nueva Zelanda es el país que mayor costo de transporte tiene que pagar para poner uno de sus productos en el mercado. Sin embargo, el hecho de que la izquierda propusiera dichos cambios los legitimó y logró de inmediato los consensos.

A diferencia de nuestra izquierda, las izquierdas de los países más prósperos ven al mercado como parte de la solución y no como el problema. Quizá si nuestra izquierda entendiera más esta experiencia llegaríamos a acuerdos más rápido.

2. Los cambios generan cambios. Dado que el Congreso de Nueva Zelanda no tiene una cámara revisora, (sólo hay Cámara de Diputados) los cambios son más expeditos. Aunque esto también ha hecho que se reviertan leyes que perjudicaron a la mayoría, la realidad es que éstas fueron excepciones. La población entendió que era mejor cambiar y luego rectificar en lugar de discutir durante años y no reformar nada (tal como sucede en nuestro Congreso).

3. Transparencia. El nuevo gobierno entendió que sin la confianza de la gente los cambios serían imposibles, por lo que impuso una nueva legislación de transparencia, única en su tipo, convirtiéndose en uno de primeros países en introducir un ombudsman en la materia.

rgallegos@eleconomista.com.mx