Se dice que Joseph Schumpeter tenía tres grandes anhelos: ser el mejor jinete de Europa, el mejor amante de Austria y el mejor economista del mundo. Es difícil saber si cumplió sus dos primeros deseos, pero en el caso del tercero tal vez lo fue y la historia le escamoteó el mérito. En efecto, se tiene a John Maynard Keynes como el economista más notable del siglo XX. Sin embargo, en los últimos años se ha reconsiderado la obra de Schumpeter y tal vez el campeonato lo deba recibir él.

Schumpeter creía en los ciclos largos del ruso Nikolái Kondrátiev, fusilado por llevarle la contraria a Stalin (¿a quién se le ocurre?), pero creía que el motor de los ciclos ascendentes era la innovación. La obra de este hombre, nacido en lo que es hoy la República Checa, retomó todos los males y las características del capitalismo. En realidad, no le gustaba el capitalismo, pero la dictadura del proletariado le agradaba menos.  

Una de las concepciones notables de Schumpeter se refería a la durabilidad del capitalismo. Aunque consideraba que el sistema era viable, creía que la tesis de Marx conocida como Ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia era un hecho. Así, con el tiempo, el capitalismo llegaría a su fin, evolucionando a un sistema que no sería ni socialismo puro ni capitalismo.

Todo lo anterior es para preguntarse: ¿ha llegado el momento que previó Schumpeter en el que el capitalismo llegaría a su fin, transformándose en otra cosa, más buena que las frutas y las verduras? Parafraseando a Lenin: ¿será el neoliberalismo la fase final del capitalismo?

Así parecen creerlo personajes como Slavoj Zizek, Noam Chomsky, Atilio Borón y hasta Andrés Manuel López Obrador, quien seguramente no sabe bien a bien de qué habla, pero sabe que suena de izquierda. Chomsky asegura que el neoliberalismo y Trump complicaron la pandemia por su necedad de mantener las puertas del comercio abiertas, cuando deberían permanecer cerradas (¿neofeudalismo, profesor Chomsky?).

Zizek vislumbra que el coronavirus es un golpe a lo Kill Bill al capitalismo y podría llevar al comunismo, a “una sociedad más allá del Estado-nación, una sociedad que se actualiza en las formas de solidaridad y cooperación mundial.” (Profesor Zizek: sus palabras me hicieron recordar un cuadro de Goya: el sueño de la razón produce monstruos). Por su parte, Atilio Borón está seguro que el Covid mató a la versión neoliberal del capitalismo, pero no al capitalismo mismo. (¿Seguro, seguro, profesor Borón?)

Y López, bueno, nada más repite frases.

Bien, pues estas apuestas y deseos tal vez deberían guardarse para mejores tiempos. Es cierto que los resultados del neoliberalismo, cortesía de Reagan, Thatcher, la escuela de Chicago y otros, aceleró la desigualdad y no sirvió para mucho más, pero de ahí a que esté herido de muerte a lo Kill Bill es otra cosa. Tal vez, el neoliberalismo pueda sobrevivir a una pelea con Jason Statham y el Covid juntos, lo cual no es una buena noticia, pero hay que ser realistas.

Para empezar, el neoliberalismo no causó la pandemia. Todo indica que se originó en un mercado de animales que surten para la comida tradicional china. Es decir, el virus se originó por las viejas y (no tan) buenas costumbres y tradiciones. Sí, el neoliberalismo y sus mercados abiertos ayudaron a su propagación, pero esto en realidad fue producto de la decisión de los gobiernos. Aquellos que cerraron momentáneamente sus fronteras, pusieron controles y actuaron a tiempo les fue bien o al menos no tan mal.

También es cierto que el neoliberalismo priorizó la medicina privada sobre la pública, como en Estados Unidos, donde el Covid sigue causando estragos, pero incluso en países donde se supone que hay medicina universal y buena cobertura pública, el virus causa grandes afectaciones. De nuevo, los estragos parecen ser fruto de las malas decisiones, como la de abrir la economía en el momento más alto de la pandemia (¿les suena conocido?)

La pandemia, por otra parte, no parece haber despertado un sentimiento de solidaridad social, un gran amor universal y ganas de integrarse a una comunidad hare krishna. Las persecuciones contra los enfermos, la segregación a los que parecen o son chinos, los ataques a médicos y enfermeros con uniforme y el reclamo por apropiarse de medicamentos paliativos y ser los primeros en tener las vacunas parecen estar a la orden del día.

Pero, además, serán los poderosos laboratorios neoliberales los primeros en tener vacunas y la capacidad de producir millones de ellas.  Así que Zizek, Tarantino, Borón, Statham y Chomsky tendrán que esperar que sea Schumpeter el que tenga razón y esta cosa horrible que se llama neoliberalismo evolucione a algo más benigno. (ja)