Vamos a darlo por cierto. Digamos que un ciudadano honesto se enteró de que un grupo grande de fuerzas vivas de la sociedad logró redactar un plan para todos. Digamos que este personaje es perspicaz y se dio cuenta de que había más de cuatro partidos, decenas de periodistas, medios de comunicación, cámaras empresariales y equipos gubernamentales de más de diez estados, así que muy confidencial no era el plan y pudo hacerse una copia.

Digamos que este ciudadano-pueblo se llevó a escondidas el plan secreto a Presidencia y lo entregó como soldado de partido, pero en la ventanilla del gobierno. “El pueblo me lo hace llegar y mi pecho no es bodega”, dijo el Presidente al darlo a conocer a la nación.

Digamos que todo eso es verdad, porque es muy importante que lo sea para detenernos en el significado de esta revelación presidencial. En las graves consecuencias que esto tiene. Fíjense bien: desde esta semana, el de Andrés López Manuel López Obrador es un régimen que denuncia un plan de oposición como una herramienta de ataque.

¿Dónde sucede eso? ¿Dónde es normal que un gobierno hable de las estrategias de otros partidos como maniobras de guerra? ¿En qué tipo de regímenes se acusa a los estrategas políticos contrarios de ser enemigos de la nación? En los democráticos no. En los democráticos los partidos se pelean entre ellos, y sí, lo hacen con guerra sucia, lodo, campañas negras y prácticas non sanctas, tampoco crean que son hermanas de la caridad. Pero en los regímenes autoritarios la cosa no es entre los partidos. Es entre el gobierno y los demás. Ahí los sujetos se derriten para formar un solo actor con un solo anhelo nacional. Todos quieren a la patria, la patria es el gobierno, el gobierno somos todos y quien lo ataque nos ataca.

En la entrega anterior escribí sobre la penosa confusión que tiene el Presidente entre la crítica y la oposición. Me traigo un par de reflexiones para seguir con esta. Primero: la crítica es más amplia, no tiene como objetivo hacerse del poder. La oposición sí. Cuando el presidente desestima a los periodistas que cuestionan, a los grupos que se manifiestan, a las mujeres que alzan la voz, etiquetándolos como adversarios y conservadores, está perdiendo de vista que hay mundo más allá de quienes buscan su silla y sus escaños. Que hay una sociedad que puede ser exigente, que puede reclamar. Que debe hacerlo y que no quiere su silla. La oposición en cambio sí busca el poder y su presencia garantiza incentivos y desincentivos para ciudadanos y gobiernos. La oposición (revolucionaria, calderonista, trotskista, priista, o en su momento lopezobradorista) tiene una noción estructurada sobre lo que considera un uso correcto del poder y un rumbo adecuado de país, y sus anhelos hacen posible la rotación en el poder. Exactamente como López Obrador, quien lideró una oposición consistente durante muchos años, usando redes, haciendo planes para conseguir votos y moviendo gente en contra de las decisiones de gobierno calderonistas y peñistas. Exactamente lo mismo que están haciendo ahora los del BOA, porque ya dijimos que lo vamos a dar por cierto.

Qué bueno que en su momento él lo hizo. Qué bueno que alguien lo haga ahora. No hay nada mejor para un sistema político que un gobierno cuestionado por ciudadanos críticos y acicateado por partidos de oposición.

¿O prefiere el Presidente que todos gritemos, con él, con la patria, por su gobierno y la transformación, que nos atacan?

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PD. El gobernador de Jalisco, Enrique Alfaro, también quiere que nos solidaricemos con él porque atacan a Jalisco.

Ivabelle Arroyo

Politóloga

La Sopa

Ivabelle Arroyo Ulloa es politóloga y analista, con 24 años de trayectoria periodística. Es jurado del Premio Alemán de Periodismo Walter Reuter en México. Dirige una revista digital sobre política capitalina y escribe para medios jaliscienses.