La competencia alienta la innovación y el progreso. Las naciones avanzadas tienen instituciones autónomas que la fomentan, sosteniendo la democracia, la eficiencia y la transparencia. El pensamiento neoliberal promotor del libre mercado toma fuerza en el mundo occidental como reacción a los excesos del aparato de gobierno que trajo ineficiencia e inflación en los años 70 del siglo anterior. Está basado en las ideas de Milton Friedman y Adam Smith, que predican que el mayor bienestar social resulta de la optimización del beneficio individual, bajo un entorno competitivo. La gran depresión de finales de los años 20 da fuerza al pensamiento keynesiano, que ve a la intervención del Estado como indispensable para salvar al capitalismo de sus crisis y de los sistemas totalitarios.

En México, el modelo neoliberal reciente mantuvo la desigualdad con bajo crecimiento y el modelo estatizante anterior provocó inflación e ineficiencia. Ambos estuvieron acompañados de corrupción. Una combinación adecuada entre Estado y libre mercado es necesaria. La transparencia y la competencia acompañan a las naciones más avanzadas que cuentan con un Estado fuerte pero no omnipresente, que actúa para corregir las fallas del mercado. Neoliberalismo no significa corrupción, la cual es producto de la impunidad, cómplice de la inseguridad, no tiene bandera y está presente donde se le permite, resultando en un desperdicio de recursos para el desarrollo. En México sucedió en el régimen cerrado de la posguerra y en el régimen abierto reciente. El Estado mexicano neoliberal falló al implementar tardíamente las reformas estructurales necesarias (energía, educación, competencia, etcétera) para acompañar la apertura comercial. Los partidos de centro derecha se boicotearon mutuamente hasta que perdieron el poder. El éxito relativo del TLCAN sirvió para volverse complacientes y postergar las reformas que no tuvieron tiempo de madurar.

La globalización surgida en los años 80 ha provocado gran descontento en el mundo, dando lugar a gobiernos populistas que ponen en peligro la democracia. Apertura y reformas presuponen ganadores y perdedores, pero los primeros nunca están dispuestos a compensar a los segundos y el Estado no actúa para corregirlo. Esto, en síntesis, ha hecho surgir el Brexit, a Donald Trump y los populismos en Europa y Latinoamérica, arriesgando la integración que ha brindado paz, prosperidad y democracia desde fines de la segunda guerra mundial.

El gobierno actual en México se enfrasca en una presunta transformación nacionalista, demoliendo lo que encuentra a su paso bajo el pretexto de atacar la corrupción. Privilegia sindicatos por encima de la educación; cancela el NAIM y asigna sin concurso obras de infraestructura cuestionables; pone en riesgo la calificación de Pemex y del país; cancela gasoductos favoreciendo el carbón y el combustóleo por encima de la energía limpia; debilita a los órganos reguladores autónomos, y reduce recursos a la salud, la ciencia y la cultura para financiar programas clientelares, entre otros, pretendiendo regresar a un modelo estatizante rebasado que ahuyenta a la Inversión Privada, provocando incertidumbre y desaceleración. Esperemos que no se eche por la borda todo lo positivo que se ha logrado en el pasado y que se mire hacia el futuro corrigiendo las fallas incurridas en décadas pasadas. Veremos.