Nuevamente nos encontramos con una explosión de preguntas sobre la fecha de llegada de 5G en América Latina. Hay furor en entender cuál será el primer operador móvil en desplegar la tecnología y cómo ésta incrementará los beneficios ya recibidos con la generación anterior. Entre las dudas, se encuentran preguntas bastante razonables enfocadas en el diseño de los celulares o cómo éstos se diferenciarían de los modelos de la actualidad.

También hay quienes desean conocer más sobre las aplicaciones que justificarán los Gbps de velocidad que, en menos de cinco años, estarán disponibles para muchos consumidores de las américas. Toda esta curiosidad es resultado de expectativas por parte de los consumidores que aún no han sido controladas y también por una necesidad no atendida de educar al mercado sobre la realidad de las tecnologías inalámbricas que podrán utilizarse para ofrecer servicios móviles.

Da la impresión de que el inconsciente colectivo de las personas posee, como uno de sus arquetipos, el mandato de que las redes inalámbricas que se utilizan para ofrecer servicios móviles sólo pueden ser utilizadas para este fin. Asimismo, hay una creencia de que las ventajas de cada nueva generación deben ser obvias para el usuario. La realidad nos muestra otra historia.

El inicio de 5G ha sido definido por operadores móviles alrededor del mundo como un servicio enfocado en la oferta de banda ancha fija que permita llevar a zonas suburbanas y rurales velocidades que anteriormente sólo se podían obtener mediante una conexión de fibra óptica. El modelo móvil llegará más de un año después de la proliferación de redes fijas inalámbricas que, junto a una conexión de DTH, podrían ofrecer un paquete convergente totalmente inalámbrico, como se ha ofrecido desde hace años en mercados como Argentina y Brasil. El otro aspecto de 5G que parece haber sido ignorado por los consumidores es que su crecimiento será más lento que el de tecnologías anteriores. Hay varias justificaciones que sirven para explicar esta situación. Por ejemplo, aunque el primer lanzamiento de 5G comercial tuvo lugar el pasado 14 de mayo, los primeros dispositivos para servicios móviles sólo comenzarán a estar disponibles durante el 2019. En otras palabras, aún no contamos con teléfonos que permitan la comercialización de servicios móviles de 5G.

Asimismo, el despliegue de 5G precisará de la utilización de frecuencias más altas a las utilizadas por tecnologías anteriores, incluyendo las llamadas bandas milimétricas. Esto implica, por puras leyes de la física, que las redes de 5G tendrán una mayor densificación que las redes móviles actuales, pues precisarán de un mayor número de antenas para poder proveer servicio. Al ser mayor el número de antenas necesarias, mayor será el tiempo de despliegue de infraestructura. Es simple lógica.

Finalmente, queda aclarar que, en sus inicios, las redes de 5G no ofrecerán ventajas fácilmente reconocibles por los usuarios. No tendremos nuevos servicios que no puedan ser accedidos por redes de LTE Avanzado. La diferencia se dará inicialmente en las mayores eficiencias en la utilización de espectro y la capacidad de poder soportar el tráfico agregado generado por el creciente número de cosas conectadas. Es aquí, de forma indirecta, que los usuarios comenzarán a recibir beneficios de las redes celulares de 5G, pues de no llegar esta tecnología sería muy difícil y costoso poder absolver todo el nuevo tráfico agregado, generado por usuarios de redes móviles en México.

*José F. Otero tiene más de 20 años de experiencia en el sector de las TIC.

José F. Otero

TIC y Desarrollo

José F. Otero tiene más de 20 años de experiencia en el sector de las TIC. Esta columna es a título personal.