En su libro Los amos de la mafia sindical, el periodista Francisco Cruz Jiménez inicia el capítulo correspondiente a Napoleón Gómez Urrutia de la siguiente manera: “es, quizás, el único líder en el mundo que controla y dirige un sindicato millonario y poderoso a larga distancia a través de telegramas, llamadas telefónicas, teleconferencias, transmisiones vía Internet o, como bromean algunos de sus agremiados, señales de humo y hasta telepatía desde su autoexilio en la cosmopolita Vancouver, en la costa pacífica de Canadá”.

El líder de los trabajadores mineros, quien, sin tener ninguna base científica ni datos biográficos, me imagino que padece claustrofobia, cosa que le impide estar más de un minuto (menos: cinco, diría el clásico) en el interior de una mina, llegó a ese cargo por la vía dinástica.

Hijo de Napoleón Gómez Sada, quien desde finales de los años cincuenta ejerció el cacicazgo en el Sindicato Nacional de Trabajadores Mineros, Metalúrgicos, Siderúrgicos y Similares de la República Mexicana (SNTMMSRM), Napito se preparó en México y en el extranjero (Oxford) para hacer una brillante carrera política, cosa que no fue posible. En 1979 tuvo su primer y único cargo de importancia, la dirección general de la Casa de Moneda, de la que fue despedido en 1992, a causa de irregularidades detectadas en esta entidad dependiente de la Secretaría de Hacienda, cuyo titular Pedro Aspe Armella destituyó al Minero de Sangre Azul, de manera deshonrosa. “Gómez Urrutia se enteró hasta la trágica mañana aquella cuando llegó su relevo a echarlo de la Dirección General. Políticamente lo estaban desterrando de la cúpula del poder” —escribió Cruz Jiménez—.

En ese mismo año, el habilidoso y corrupto líder charro, Gómez Sada, de 78 años, había padecido varias enfermedades que lo hicieron tomar conciencia de que a pesar de su poderío no era inmortal y pensó en el futuro, no del sindicato que depredaba, sino de su hijo desempleado y desplazado de la política. La solución: lo nombró su asesor y así, sin mayores trámites, desde el forro de sus glándulas sexuales masculinas, le abrió la puerta del Sindicato —de su Sindicato, de la posesión familiar—.

Para cumplir con el plan que don Napote —nepote— diseñó para que su hijo heredara el Sindicato Minero —su propia mina de oro—, en 1994, se puso de acuerdo con el presidente de Industrias Peñoles, el empresario Alberto Baillères —ganador de la medalla Belisario Domínguez por la frase publicitaria “Soy totalmente Palacio”—, para que éste le fabricara un expediente laboral a su vástago. Con gusto el empresario ayudó al líder sindical. Gómez Urrutia fue dado de alta en el departamento de contabilidad de la mina La Ciénega —nombre ad hoc—, ya como empleado —de mentiritas— de la industria minera en el año 2000, el viejo y enfermo Napoleonzote, nombró a su hijo, Napoleoncito, secretario general suplente del Sindicato Nacional de Trabajadores Mineros, Metalúrgicos, Siderúrgicos y Similares de la República Mexicana. Pero, ¡oh sorpresa!, resulta que Industrias Peñoles dio de alta a Napito con fecha 24 de octubre de 1995, de tal suerte que cuando fue nombrado —por órdenes de papi—, entre el 13 de marzo y el 2 de mayo del 2000, secretario general suplente, todavía no cumplía con el requisito estatutario de tener una antigüedad mínima de cinco años como trabajador de planta para desempeñar un cargo sindical.

Pero esa peccata minuta no fue óbice para que a la muerte de Napoleón I, en octubre del 2001, Napoleón II heredara el trono sindical del cual, al parecer, no quiere bajarse a pesar de que desde el 2006 se autoexilió en Canadá acusado de malversación de 55 millones de dólares de un fideicomiso sindical.

Esta semana, el príncipe sindical de los mineros, ha regresado a los primeros planos mediáticos. A ellos lo trajo, incomprensiblemente, Andrés Manuel López Obrador, quien le ofreció el lugar número seis en la lista de senadores plurinominales por el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena). La invitación de AMLO a un personaje con tan mala imagen ha impactado negativamente hasta a sus partidarios más recalcitrantes. ¿Será que para combatir a la mafia del poder el tabasqueño piensa crear otra mafia?

La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en su artículo 58 establece que para ser senador de la república, por el principio de mayoría relativa o el de representación proporcional, entre otros requerimientos es necesaria una residencia efectiva de seis meses anteriores a la fecha de la elección en la entidad de la elección. No se necesita ser Aristóteles, padre fundador de la lógica, para deducir que por esta formalidad Gómez Urrutia no puede ser candidato. Así de simple.

¿Qué le pasa a López Obrador? ¿Desconoce la Carta Magna o le gusta complotar contra sí mismo?

Oí por ahí

Entra un gringo a uno de esos grandes almacenes donde se vende de todo. Compra 5 rifles de asalto AR-15 y suficiente parque para dichas armas. Luego de cobrar y empacar la mortífera mercancía el empleado de la tienda le pregunta al comprador: —¿Algo más? Sí —dice el cliente—quiero una caja de penicilina. Lo siento —expresa el dependiente del bien surtido almacén—, pero no podemos vender ningún antibiótico sin receta.

elprivilegiodeopinar@eleconomista.com.mx

Manuel Ajenjo

Escritor y guionista de televisión

El Privilegio de Opinar

Guionista de televisión mexicano. Conocido por haber hecho los libretos de programas como Ensalada de Locos, La carabina de Ambrosio, La Güereja y algo más, El privilegio de mandar, entre otros.